Mateo bajó la mirada al dispositivo. Era más que un teléfono; se sentía como una extensión de su propia mano. Siguiendo las instrucciones, puso el chip bajo su lengua.
Sintió un breve picor. Luego, nada.
La pantalla blanca despertó con un logotipo sobrio: un triángulo de bordes rojos que se desplegaba como un caleidoscopio. El chip, ahora fundido con su saliva como un dulce de menta, se convirtió en la llave de la caverna. El botín de los ladrones estaba a un clic.
—Dale un nombre —dijo Nico, dándole una palmada en la espalda—. Así el sistema te dará permiso de iniciar.
—Casiopea.
—Qué dulce... como la tortuga.
—¿Qué tortuga? Es la mujer que condenó a Andrómeda.
Nico rió. Su risa era fascinante y desesperante a la vez.
—El mío se llama Fatuo, como el fuego de los bosques. Dile su nombre, Matt. No seas tímido.
Mateo se acercó el dispositivo al oído y susurró el nombre. Al separarlo, el logotipo se fundió en la oscuridad. Aparecieron datos, imágenes, rutas. Un mundo de alto rendimiento que solo funcionaría mientras estuviera en este lugar.
Caminaron en silencio por el empedrado. El jardín era un mar vegetal interminable, con cedros italianos y arbustos perfectamente podados. Todo en este lugar gritaba abundancia. Mateo sospechó, por un segundo, que el juego eran ellos: los tontos que llegaban atraídos por el misterio.
Según el mapa de Casiopea, la fiesta ocurría en una mansión de innumerables habitaciones temáticas que crecía hacia el subsuelo. Una ciudad oculta.
De pronto, el dispositivo vibró:
<blockquote>NOTIFICACIÓN DE CASIOPEA:
Proximidad detectada: Nico (Amigo)
¿Deseas sincronizar rutas?</blockquote>
Ambos asintieron a sus pantallas. Pero la inquietud de Mateo creció cuando una chica en bicicleta cruzó entre ellos como una flecha.
<blockquote>NUEVO DATO ENCONTRADO:
He notado que te gusta Dalila.
¿Deseas seguirla?</blockquote>
Habían llegado a la entrada. La mansión de piedra blanca se alzaba como un gigante arrodillado. Cientos de ventanas iluminadas los vigilaban como ojos sagaces. Nico, con una sonrisa salvaje, alzó la mano y se perdió entre la multitud de invitados, cigarrillos y risas.
Mateo se quedó solo en el umbral. Su estómago gruñó. Tenía hambre, tenía dudas y tenía a Casiopea.
[[Buscar algo de comer->45]]
[[Entra a la fiesta perpetua->67]]
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(if: _azar is 1)[
<div style="opacity: 0.5; font-family: monospace;">
(text-style: "shudder")[ [[O bien, toma un respiro...->21]] ]
</div>
]}Mateo guardó a Casiopea en su bolsillo; no creía necesitarla aún. Se hizo paso entre la multitud para entrar a la Fiesta Perpetua.
Le pareció divertido, y triste a la vez, que los objetos inanimados como su dispositivo adquirieran nombres con tanta familiaridad. Recordó el concepto japonés de los Tsukumogami: los espíritus que residen en todas las cosas, parte de los ocho millones de dioses. Quizás dar un nombre a un objeto era una señal de respeto a la humanidad y su habilidad para convertir cualquier cosa en una deidad.
Se preguntó, con un deje de ironía, qué nombre le daría al primer bocado que probara en ese lugar.
La estancia era amplia y bien iluminada, teñida de un color verde vegetal y luminoso, evocando los arbustos que había dejado atrás. Las escaleras subían hacia una puerta-ventana que abría al jardín central, dividiéndose luego para dar paso al segundo piso.
Mateo se acarició el estómago. Entre la gente, su mirada se fijó en dos hombres: uno de sombrero de fieltro y otro con una gorra de los Dodgers. Este último devoraba una hamburguesa con una voracidad grotesca, manchando su camisa con gotas de cátsup y mostaza. Mateo, a pesar del asco, sintió un rugido en las entrañas. Se animó a interrumpirlos, aunque el miedo a ser "devorado" por ese ambiente flotaba en el aire.
Casiopea vibró en su bolsillo. Mateo sacó el dispositivo para leer la notificación:
<blockquote>INTERFAZ DE RECONOCIMIENTO: CASIOPEA
DETECCIÓN DE INVITADOS:
* Sujeto 1: Tony — Identificador: Gorra Dodgers.
* Sujeto 2: Fansworth — Identificador: Sombrero de Fieltro.
SOLICITUD DE SISTEMA:
¿Desea iniciar seguimiento de datos?
— NEGAR / ACEPTAR —</blockquote>
Mateo negó la solicitud y guardó el aparato. Carraspeó para llamar la atención de los hombres, quienes hasta ese momento lo habían ignorado con una educación gélida. Ambos voltearon a mirarlo.
[[Preguntar a Fansworth dónde hay comida->44]]
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<div style="opacity: 0.5; font-family: monospace;">
(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
</div>
]}Fansworth abrió la boca para responder cuando Tony lo interrumpió con un amable golpecito en el hombro. Compartieron una mirada que Mateo no supo interpretar; cualquier otro diría que hubo una complicidad, un chispazo de ingenio. Fansworth sonrió ligeramente y regresó a observar su teléfono.
—Estás buscando La Habitación de los Hambrientos —dijo Tony, con pedazos de comida todavía en la boca—. Tienes que atravesar ese jardín que ves allá, ir derecho hacia el norte y entrar a la primera habitación de puerta roja que encuentres. Ahí te darán de comer. Si tienes suerte, te darán una hamburguesa como la mía.
Tony le guiñó el ojo y Mateo dejó de preocuparse. Era fácil sentirse cómplice de ese hombre de rasgos infantiles y amables. Fansworth, en contraste, tenía un rostro afilado y ojos claros que parecían construidos para el placer refinado.
<blockquote>SUJETOS IDENTIFICADOS EN EL SECTOR:
* TONY: 2 años de permanencia en la Fiesta Perpetua.
* FANSWORTH: 5 años de permanencia en la Fiesta Perpetua.
* ESTADO: Residentes estables. Sugerencia: No cuestionar sus métodos de subsistencia.</blockquote>
—¿Es muy lejos? —preguntó Mateo.
—Estarás ahí pronto. Y si te pierdes, recuerda: pregúntale a tu guía —dijo Tony, palpando su propio bolsillo—. No olvides que buscas la puerta roja.
Mateo agradeció a ambos y subió las escaleras centrales. Antes de cruzar la puerta, regresó la mirada para verlos una vez más, pero ellos ya habían reanudado su conversación privada, absortos en lo suyo como si Mateo nunca hubiera estado allí.
Eran hombres mucho más viejos que él. ¿Cómo era posible hacer una vida entera en este lugar? Era uno de los tantos misterios que Mateo deseaba descubrir mientras el aroma del jardín central empezaba a inundar sus sentidos.
[[Atravesar el jardín central...->74]]El jardín, al igual que la entrada, bullía de vida; no solo por la multitud que platicaba, fumaba y bebía, sino por la presencia imponente de árboles, arbustos y pájaros que conformaban una selva microscópica tan intimidante como la propia mansión.
Olmos y dólares crecían con la magnitud de ejemplares centenarios junto a almendros, bananos y árboles de aguacate; de no ser por la caída del sol, también se habrían distinguido los mangos, naranjos y limoneros. Mateo, impulsado por un hambre persistente, se preguntaba si sería posible subsistir únicamente de la fruta en este entorno de fiesta perpetua.
En contraste con la opulencia del edificio, una modesta casa de madera para gorriones y zanates se alzaba sobre el poste de una fuente humilde. "Esto es como el caos", murmuró Mateo, concluyendo que en aquel lugar todo parecía estar fuera de lugar y, sin embargo, existir en perfecta armonía.
Siguiendo los pasillos de piedra que facilitaban el acceso a los cuatro extremos de la mansión, avanzó hacia el norte para buscar la Habitación de los Hambrientos, tal como Tony le había prometido.
<blockquote>Actualización de Ubicación:
SENSOR GEOGRÁFICO: Activo.
NOTIFICACIÓN: Ahora te encuentras en El Jardín de los Sabores.
RUTA SUGERIDA: Sector Norte - Acceso a servicios alimentarios.</blockquote>
[[Seguir las instrucciones de Tony->70]]Mateo avanzó por el Jardín de los Sabores hacia el norte. Según Tony, debía buscar la primera habitación con una puerta roja.
La encontró pronto. Era una puerta carmesí, desafiante y orgullosa, a unos pasos a su izquierda. El pasillo se extendía unos trescientos metros por cada lado; al norte, innumerables puertas daban acceso a las diversiones del recinto y, al final de los pasillos, escaleras llevaban al siguiente piso. Mateo recordó haberse sentido abrumado por el mapa en la computadora de su casa, optando por la experiencia directa. Ahora, la presencia de Casiopea le parecía una de las mejores ideas de la organización.
Los pasillos estaban desiertos y el silencio le resultó incómodo. A través de un ventanal, los edificios exteriores parecían monstruos tímidos con sus ventanas iluminadas. Su estómago, sin embargo, le exigía una decisión inmediata.
<blockquote>ADVERTENCIA DE PROTOCOLO:
ZONA: Habitación de los Hambrientos.
AVISO: El tiempo de esta actividad puede ser considerable.
RESTRICCIÓN: Una vez iniciada, la salida está bloqueada hasta la finalización del proceso.
ESTADO: Esperando confirmación del usuario.</blockquote>
¿Cuánto tiempo cuesta comer algo?
[[Entrar a la Habitación de los Hambrientos->51]]
[[Olvidar el hambre y la Habitación de los Hambrientos->58]]Mateo descartó la advertencia de Casiopea y entró a la habitación. El lugar era inmenso, del tamaño de un patio escolar. Gente de todo tipo ocupaba las mesas: figuras de bronceados irreales, cabellos como nidos de serpientes y personajes negros como la profundidad de un pozo que, de repente, cobraban vida para presumir una sonrisa de dientes tan blancos que provocaban infartos.
Toda esa gente comía en silencio, evitando mirarse a los ojos. Al fondo, Mateo distinguió una mesa de bufete hábilmente combinada con el aparador de una carnicería.
Hombres y mujeres vestidos de blanco fileteaban y echaban la carne a los asadores. Preparaban platillos para una fila interminable de personas. Otra fila, en un extremo paralelo, desaparecía a través de una puerta que llevaba a un cuarto misterioso y oscuro, como en una pintura surreal de Michael Ende.
Antes de que Mateo pudiera formarse, una mujer robusta, también vestida de blanco, se interpuso en su camino.
<blockquote>DETECCIÓN DE SUJETO:
NOMBRE: Colette.
ESTADO: Anfitriona / Supervisora de Suministros.
MENSAJE: "Vamos, muchacho, conoces las reglas. Tienes que elegir tu lugar en el juego."</blockquote>
Colette apuntó al dispositivo en las manos de Mateo y sentenció la pregunta definitiva:
—¿Eres cocinero o carne?
[[Mateo dice la verdad: Que no conoce las reglas->11]]
[[Mateo decide ser "Carne"->49]]
[[Mateo decide ser "Cocinero"->57]]
[[Mateo dice la verdad: Que no conoce las reglas y no le importa->80]]Mateo estaba avergonzado: nunca consultó las reglas con Casiopea porque no sabía que podía hacerlo. Respondió "Cocinero". Se prometió revisar las normas antes de entrar a cualquier otra de las habitaciones temáticas, pero primero debía llenar el estómago. El hambre lo había tornado imprudente.
—Muy bien. Ve atrás del bufete y pregunta por Filo —dijo Colette—. Se llama Filomena, pero le decimos Filo por la destreza de sus cuchillos: nunca están desafilados. Ella te dará el uniforme y las instrucciones.
Siguió las indicaciones sintiendo la mirada de los comensales. Gente adulta, en su mayoría, con ropas de turista playero. En sus ojos había rencor, pero no dejaban de masticar: bisteces, hamburguesas, roast beef, arracheras. Carnes de todo tipo. El estómago de Mateo se hizo un nudo.
Al preguntar por Filo, dos muchachos señalaron a una mujer que molía un enorme trozo de carne. Ella barrió a Mateo con la mirada.
—Yo soy Filo. Ven conmigo, vamos atrás.
Filo se limpió la sangre de sus robustas manos con un trapo manchado de vísceras. Mateo imaginó su propio cuello entre esas manos y supo que no tendría oportunidad. La siguió hacia la habitación oculta.
<blockquote>ESTADO DEL DISPOSITIVO:
ADVERTENCIA: Se requiere la entrega de la unidad de guía para procesamiento de jornada.</blockquote>
Filo—: antes de entrar, dame tu guía. No la usarás por un tiempo. Se te regresará cuando hayas cumplido.
Mateo entregó el dispositivo, algo incrédulo, pero la promesa de comida disipó sus dudas. Entraron al ÁREA DE TRABAJO. En el vestidor, Filo conectó el teléfono a un cable que salía de las profundidades de un casillero. Un LED marcó un tiempo indeterminado.
Mateo sintió un escalofrío. El dispositivo que llevaba en la lengua lo vinculaba a Casiopea, transmitiendo información constante.
<blockquote>LECTURA BIOQUÍMICA ACTIVA:
Hormonas: Detectadas.
Pulso/Temperatura: Monitorizados.
Privacidad: [ESTADO NO DISPONIBLE EN ESTE NIVEL].</blockquote>
Filo le entregó a Mateo un recibo.
—Necesitarás esto. Así es como te entregaré tu guía cuando sea el momento.
Era encantador que, de un momento a otro, la alta tecnología dependiera de un papel.
—Mi guía se llama...
—No me lo digas. Por educación. ¿Eres nuevo aquí? Eres nuevo. Sí, eso debe ser —dijo Filo y sonrió cansada—. Ponte tu uniforme. Se te alimentará dos veces al día: a las diez de la mañana y a las seis de la tarde. A veces se usará carne de aquí, a veces se usará carne de la fiesta perpetua. No es posible saberlo. Antes de entrar con nosotros, detrás de la mesa, tienes que trabajar el tiempo que dicte tu guía en otra parte. Hay niveles. Sin embargo, debo preguntarte en cuál deseas empezar: ¿quieres trabajar en el matadero o de pinche? Si te interesa saber, a los carniceros se les da más comida y acaban más rápido. En cambio, aunque los pinches se quedan más tiempo, son más felices.
Escoge:
[[Trabajar en el matadero (a los carniceros se les da más comida y acaban antes)->84]]
[[Trabajar de pinche (los pinches se quedan más tiempo, pero son más felices)->98]]Mateo supo con exactitud cuánto tiempo trabajó en el matadero gracias a Casiopea: tres años, veintidós días, seis horas.
Durante los primeros quince días, el trabajo fue engañosamente sencillo. Según las instrucciones, debía empuñar uno de los cuchillos largos y filosos que se le proporcionaban en el área del sacrificio. Después debía abrir la puerta que lo llevaría al animal, vendarse los ojos y avanzar en línea recta hasta que se detuviera el sonido de los altavoces. Luego, según el manual, solo se trataba de apuñalar.
Esa primera vez tenía tanta hambre que no se molestó al sentir el primer chorro de sangre cálida mojándole las manos. El animal se quejó; los gemidos del primero todavía reverberaban en sus oídos y fue fácil evocarlos tan pronto mató a los siguientes: el segundo, el quinto, el mil. Mateo pensó con disimulada tristeza: “Sí, cuando todavía se trataba de animales”.
<blockquote>Registro Laboral:
TIEMPO TRANSCURRIDO: 3 años, 22 días, 06:00:00.
CARGO: Carnicero (Sacrificio a ciegas).
ESTADO: Eficiencia letal confirmada.</blockquote>
En los dormitorios, Mateo recibió un ejemplar de hojas fotocopiadas titulado: “Cocina práctica y personal”, de Antonio Lumbalgia. El texto contenía instrucciones precisas:
<blockquote>“Los músculos son lo más importante y deben herirse lo menos posible, ya que pueden proporcionar alimento por semanas. El cerebro también es una excelente opción por su alto índice de grasa y glucosa, aunque algunos prefieren evitarlo por el riesgo de Kuru. En cambio, evite a cualquier costa los riñones y los hígados, ya que son fábricas para el desperdicio. Los dedos y el pene son inútiles; no poseen los suficientes rasgos nutritivos para hacer que valgan la pena”.</blockquote>
Luego de matar a su primer “animal”, Mateo pidió una hamburguesa con una sonrisa bermellón. Filomena, la mayor de los dieciséis carniceros, le explicó que la Habitación de los Hambrientos sabía cuándo retirar a alguien. Mateo absorbió sus palabras como mandamientos.
Después de quince días, a Mateo le retiraron la venda. Confirmó de dónde venía la carne y el juego se hizo real, palpable. El primer misterio fue revelado. Y tanto le fascinó el juego que decidió quedarse tres años más, como si aquella fiesta perpetua supiera exactamente cómo acariciar sus deseos ocultos.
[[Mateo sabe de dónde viene la carne y lo entiende->40]]
[[Mateo sabe de dónde viene la carne, pero no lo entiende->62]]Los primeros hombres que mató para el consumo de la Habitación de los Hambrientos venían atados y amordazados, sujetos contra una puerta de paja. Así lo descubrió Mateo cuando le quitaron la venda. Según decían, la paja absorbía la sangre y los impactos, y la estructura era fácilmente reemplazable.
Sin la venda, Mateo dudó. Pero Filo, desde el altavoz, le recordó su historial de los primeros quince días.
—Además, mi querido muchacho, la carne está ahí porque ahí quiere estar.
Mateo miró a su víctima retorcerse. ¿En verdad lo querían? Ya le habían mentido con la ceguera, ahora lo hacían con las palabras. Pero ya era un asesino; no podía luchar contra la comodidad. Ya estaba en el camino, ¿por qué desandarlo? Además, tenía tanta hambre como el primer día.
Su primera víctima visible fue un hombre de cuarenta años, moreno y musculoso.
<blockquote>Según su ficha:
* Estado: 10 años vagando en la mansión.
* Motivación: No deseaba abandonar su vida, pero tampoco comprenderla.
* Propósito: Servir para el consumo del otro como única forma de redención.</blockquote>
Con el tiempo, Mateo leyó más dossieres. Descubrió que la Fiesta también procesaba criminales: asesinos, violadores y estafadores. Para ellos, la carne era un castigo. A diferencia de los "voluntarios", los criminales no venían sujetos; el Caos les ofrecía una última oportunidad de enfrentarse al carnicero.
Mateo se volvió un engranaje perfecto en la maquinaria:
* Capacidad de despacho: 400 a 600 kg de carne diarios.
* Técnica preferida: Degüello (para evitar gritos y maximizar el uso del cuerpo).
Su criminal veintitrés era un hombre con gorra de los Dodgers.
Mateo sintió una familiaridad punzant y aunque leyó su nombre en el dossiere, prefirió pensar que se trataba de otro.
Así transcurrieron tres años. Tres años sin tiempo, sin sol, solo el filo y la carne.
El último día, el sistema finalmente le otorgó una identidad cronológica. Le entregaron su guía y un informe de servicio: 3 años, 22 días, 6 horas. Se le avisó que debía preparar un último sacrificio antes de la decisión que cambiaría su vida.
[[Mateo reconoce al último sacrificio y lo mata->16]]
[[Mateo reconoce al último sacrificio y lo perdona->37]]Mateo recordó cuando perdió el aliento. Fue el mismo día que le quitaron la venda y le revelaron lo que estaba matando.
—¿Estás bien, muchacho? —preguntó Filo.
Ella le puso una mano en la espalda para reconfortarlo. Mateo contempló el cuerpo que tenía enfrente. La criatura, durante el acuchillamiento, estuvo amarrada. No pudo defenderse. Y aun así, a Mateo le pareció un logro matarla.
Tan pronto la vio, completa y real, sintió el deseo de arremeter contra ella, desaparecerla de la realidad conocida. Y lo hizo. De algún modo lo hizo, olvidando las primeras enseñanzas de la ceguera: mantener la calma, ignorar la sangre, arrostrar los gritos.
—Lo hiciste bien. Calma, calma ya —dijo Filo—. Lo hiciste muy bien y me alegra que lo hayas conseguido. Ahora sabes la verdad... te dimos a los niños y a los débiles, pero esos no sobran. Los próximos serán más difíciles.
<blockquote>HISTORIAL CRONOLÓGICO:
PERÍODO: 3 años transcurridos.
OBSERVACIÓN: El sujeto no ha vuelto a matar a ninguno de los chicos o de los enfermos. Se ha especializado en objetivos de mayor resistencia.
CLASIFICACIÓN: Carnicero 2048.</blockquote>
Archivo de la Mansión: Notas Registradas
[[Antonio Lumbalgia (Pág. 3): "Seis extremidades sumamente nutritivas."->3]]
[[Filomena Navojoa (Pág. 27): "El carnicero 2048 es un sujeto valioso pero le falta estómago."->27]]
[[Antonio Lumbalgia (Pág. 34): "Un aliento con el olor del azufre."->34]]Casiopea despliega un archivo PDF con bordes desgastados. Es un extracto de Cocina práctica y personal: las propiedades de la otra carne, de Antonio Lumbalgia. El texto brilla con una luz azulada sobre la pantalla:
<blockquote>[ARCHIVO CONSULTADO: Propiedades de la "Otra Carne".
ORIGEN: Entidades biológicas extraestelares.]
//Las propiedades de aquellos que vinieron de atrás de las estrellas son fantásticas. Aunque el caos evolutivo ha provocado que sus cerebros puedan contagiar el Kuru (similar a ciertas tribus caníbales), se ha descubierto que su consumo es capaz de curar enfermedades terminales como el Alzheimer o el Parkinson.
ADVERTENCIA: La cura es una apuesta. Nadie sabe cuánta carne debe consumir antes de sanar, pero el beneficio es tan alto que muchos se arriesgan en la Habitación de los Hambrientos.
DATOS NUTRICIONALES:
* Estructura: Seis extremidades sumamente nutritivas.
* Rendimiento: Un pequeño bocado satisface el estómago hasta por dos días.</blockquote>
Mateo sigue leyendo. El autor suena resignado. Dice que es imposible dialogar con ellos; que no hay equipo para estudiarlos y que las criaturas son agresivas y territoriales.
"Nos han obligado a convertirnos en asesinos", concluye el texto. "Es su culpa".
La fiesta se instaló sobre su tierra y sus naves. Mientras tanto, un ejército secreto se arriesga en cada incursión. La imposibilidad de un diálogo entristece incluso al frío manual de cocina de Lumbalgia.
Para continuar...
[[Debes tirar los dados...->ResultadoAzar]]
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(if: _azar is 1)[
<div style="opacity: 0.5; font-family: monospace;">
(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
</div>
]}<blockquote>
FUENTE: Cocina práctica y personal: las propiedades de la carne bestial.
AUTOR: Antonio Lumbalgia.
CLASIFICACIÓN: Manual de Nutrición y Patología.
Las propiedades de la otra carne —aquellos seres que vinieron hace muchos años de la profundidad de las cavernas— son curiosamente nutritivas. Nuestros bioquímicos han separado los componentes: además de una cantidad exorbitante de proteínas, contienen un vasto contenido de vitaminas y minerales.
Una sola comida al día puede satisfacer la necesidad calórica y los nutrientes de una persona. Lo que venga después es gula. El alimento se digiere fácilmente y no se han encontrado casos alérgicos. El único problema, a la fecha, es su sabor fuerte y amargo; pero bien condimentado, puede pasarse por alto.
No todo es maravilloso. Los cerebros de las bestias poseen atributos insospechadamente benéficos: la cura del Alzheimer, del Parkinson y la posibilidad de extender los conocimientos humanos. Sin embargo, existe una amenaza crítica:
El consumo de tejido cerebral presenta una posibilidad mediana de contagio de Kuru, similar al observado en tribus caníbales. Muchos vienen aquí buscando la cura; su sacrificio nos permite avanzar en el estudio del cerebro de las bestias.
El riesgo es alto. Muchos han muerto.
Creemos que las bestias hablan un lenguaje basado en gorgoteos y siseos, aunque son mayoritariamente solitarias. Nuestros cazadores las capturan con facilidad y aseguran que nunca han dado señales de inteligencia. Es una ironía: animales estúpidos poseedores de un cerebro portentoso capaz de curar los grandes males del mundo.
Los cazadores mencionan a menudo un aliento con olor a azufre que las bestias expelen por el hocico. Me pregunto si, en algún momento, estas criaturas fueron las hijas del fuego.</blockquote>
[[Si crees que el origen de las bestias es mitológico...->96]]
[[O bien, crees que es metafísico...->66]]No cabía duda. A pesar del diseño antropomórfico de las bestias; las escamas, el hocico chato, los colmillos, los ojos de pupilas verticales y el aliento a azufre, hacían concluir a Mateo que se trataba de dragones. Todo este tiempo había matado dragones, pensaba emocionado, aunque su persona científica le insistía que en realidad se trataba de una raza de reptiles cuyos individuos, probablemente, habían hecho raíces en la Tierra mucho antes que los humanos y, para evitar múltiples hecatombes, luchando por la supremacía evolutiva del planeta, hicieron una casa en la superficie.
Mateo, igual que los otros carniceros, había llenado la ignorancia con un pastiche de información seudocientífica: el libro de Antonio Lumbalgia, la ciencia ficción de televisión y la lectura de novelas //pulp//. No había momento en la sobremesa que no discutieran de las criaturas y trataran de dar algún sentido a la información y las experiencias que poseían de estos seres fantásticos. Y los mataban. Mateo había intentado hablar con ellos, cuchillo en mano, en el angosto pasillo del matadero. Los miraba fijamente a los ojos para buscar una respuesta sensible, algo que impidiera dar la puñalada e iniciar una vía diplomática, pero en apariencia era imposible interpretar el efecto de sus palabras en aquellos ojos inhumanos.
<blockquote>Análisis Taxonómico:
ENTIDAD: Designación temporal "Draconiano".
MORFOLOGÍA: Escamas, pupilas verticales, lengua bífida. Hibridación antropomórfica.
ESTADO DE LA MISIÓN: Exterminio sistemático / Carnicería.
OBSERVACIÓN: El sujeto proyecta arquetipos de caballería (San Jorge) para mitigar el desconcierto moral. Se detectan trazas de combustión interna fallida (virutas de humo) en las unidades eliminadas.</blockquote>
La lucha se convertía, al final, en el asesinato de un hombre, un individuo semejante a él, según Mateo. Y eso era lo más desconcertante. Desconcertante y hermoso porque cada vez que una de aquellas bestias se encontraba en apuros, casi al final de la pelea, extendía los brazos y abría su hocico hasta límites grotescos. Débiles virutas de humo escapaban desde el fondo de su vientre. Como si alguna vez hubieran sido los dueños del fuego, como si alguna vez hubieran volado los cielos como reyes y destruido la tierra como dioses.
Mateo se lanzaba con el cuchillo y atravesaba el hocico del hombre serpiente para cerrarlo, sometiéndolo suavemente al abrazo de una muerte que debía ser distinta a la humana. Mateo se susurraba a sí mismo que él era el escudo de San Jorge, que había nacido para matar dragones. Pero no eran dragones, no expelían fuego, no volaban. Para salvaguardar la salud de su fantasía enferma, Mateo empezó a llamarles draconianos.
[[Los draconianos recuperan el fuego después de tres años->10]]
[[Los draconianos recuperan el cielo->73]]Filo le pidió a Mateo su recibo de papel y un último favor antes de que tomara una decisión:
—Despacha a una última bestia.
Mateo no pensaba abandonarla; deseaba continuar como su verdugo. Antes de que pudiera explicarle su resolución, Filo le tomó del brazo y le susurró con discreción: no debía mencionar a nadie que había entrado con Casiopea al matadero.
—Te he graduado como carnicero —le dijo ella—. Ya confiamos en ti. Eres uno de nosotros. Pero guarda el dispositivo antes de entrar a trabajar.
Mateo sintió el pecho hinchado de orgullo. En su cabeza, ya no era solo un empleado: era un caballero de la Orden de San Jorge. Guardó a Casiopea en su bolsillo, limpió el cuchillo con el delantal para intimidar a su oponente y alzó la mirada.
Frente a él, la bestia era distinta. Sus ojos tenían una intención letal que Mateo no había visto antes. En ese momento, Casiopea empezó a vibrar en su bolsillo.
Si Mateo se hubiera molestado en leer la pantalla, habría visto esto:
<blockquote>[NOTIFICACIÓN DE CASIOPEA]
Sujeto detectado: Freitag.
Clasificación: Antiguo Dragón.
Registro: Participante de la fiesta perpetua desde hace 627 años.
¿Deseas más información?]</blockquote>
El draconiano sonrió —si es que a ese gesto se le podía llamar sonrisa—. Infló el vientre y sus escamas verdes comenzaron a iluminarse. El calor dentro del cuarto aumentó de golpe.
Mateo recordó las historias: los dragones eran espíritus mágicos que podían transformarse en lo que desearan. ¿Qué azar lo había escogido a él para este evento único? No le importaba. Si lograba asesinar a esta bestia, ganaría un prestigio sin precedentes.
Las alarmas empezaron a sonar, pero el pasillo era demasiado angosto. No había espacio para maniobrar. El draconiano abrió el hocico, preparándose para exhalar un aliento de fuego que lo consumiría todo. Si Mateo fallaba, la gente detrás de él caería sin pelear.
Era su responsabilidad.
Era el momento de vencer como todo un caballero o morir honorablemente como un carnicero.
[[El escudo roto de San Jorge->23]]
[[El escudo de San Jorge->100]]Cuando Mateo comunicó su deseo de ser el pinche, Filomena aplaudió y la habitación se encendió: música, letreros, globos y escandalosos vítores. Apareció la gente. Los carniceros, los clientes, e incluso Colette, tomaron a Mateo con sus múltiples brazos y lo subieron a sus hombros para pasearlo, jugar con él como un muñeco. Mateo era el único globo de un carnaval privado.
El momento, en vez de asombrarle o contentarle, le parecía grotesque. Había entrado a una trampa y aún no sabía en qué consistía. La primera parte era aquella fiesta que había sido preparada desde hacía años y estaba esperando las palabras mágicas para revelarse. Lo llevaron, cargado en hombros, a La Habitación de los Hambrientos y lo sentaron a una mesa con múltiples manjares donde, además de los cortes antes mencionados, también había postres como chocolates, pasteles, panes y hojaldres.
<blockquote>Análisis de Transición:
ALERTA DE SISTEMA: Cambio de estatus detectado. El sujeto ha pasado de "Invitado" a "Propiedad Operativa".
ESTADO AMBIENTAL: Nivel de ruido elevado; presencia de múltiples firmas biológicas en estado de euforia.
NOTA DEL SISTEMA: Los manjares actuales operan como un "pago adelantado" por la pérdida de autonomía futura. El sensor de Mateo detecta la distorsión cognitiva producida por los licores.</blockquote>
Las botellas de vino y otros licores corrían y se distribuían por todo el lugar. Los comensales turistas y los carniceros se abrazaban, cantaban canciones, se ofrecían puñados enteros de comida sin siquiera utilizar los cubiertos. Cualquier otro que lo hubiera visto, habría pensado en la felicidad.
Las dos mujeres, Filomena y Colette, se acercaron. Podrían ser hermanas, pensó Mateo, solo que una es dulce y la otra tiene el corazón para quebrar la cabeza de un pollo sin dudar.
—Hoy puedes comer todo lo que quieras, beber cuanto pidas y andar por donde desees dentro de nuestro pequeño mundo —dijo Filomena—, porque mañana empezará tu vida como el esclavo de todos nosotros.
—No sabes cuánto nos alegra —añadió Colette—, creí que moriría en este lugar sin que tuviéramos un pinche involucrado en el juego.
Mateo no sabía qué decir pero a nadie pareció importarle; después de todo, era obvio que la fiesta no era para él. Bebió los licores que le ofrecieron en silencio mientras contemplaba, tras el vidrio distorsionado de la ebriedad, la fiesta a su alrededor.
[[Mateo acepta en silencio su papel como pinche->46]]
[[Mateo decide pelear, argumentando que no conocía las reglas del lugar, y que tomó su decisión por culpa de un engaño sucio: la promesa del tiempo y la felicidad->76]]Mateo despertó gracias a un cubetazo de agua helada. La resaca pulsaba en su cabeza como un motor averiado.
—Limpia los mataderos —le ordenaron—. Tienes un par de horas antes de que entren los carniceros.
Quiso exigir una aspirina, un baño real, un momento de paz; pero Filomena apareció y le golpeó las rodillas con una vara. Mateo cayó. Se levantó con el cuerpo deshecho y el dedo anular izquierdo morado, palpitante. Recibió un trapeador y una cubeta metálica.
<blockquote>ESTADO DEL USUARIO: BAJA PRIORIDAD
* RANGO: Pinche (Asistente de limpieza).
* UBICACIÓN: Cuarto de servicio / Prisión.
* ADVERTENCIA: "No me obligues a venir por ti".</blockquote>
La habitación era un catre, un estante y dos uniformes. El baño no estaba separado; la ducha y la taza presagiaban los olores de su nueva vida. Mateo ignoraba cómo había llegado ahí. Había bebido y comido demasiado. El cuarto era una prisión con una luz débil, una "triste cordialidad".
Dos dedos morados. Luego tres. Siguió el camino hacia los mataderos: seis habitaciones de concreto, sin ventanas, un laberinto asfixiante. Encontró su casillero, el del "Pinche Mateo". No tenía llave; cualquiera podía ver su miseria.
Mateo empezó a trapear, pero la náusea le nublaba la vista. Cuatro dedos morados en la mano izquierda. Los carniceros entraron, lo humillaron y lo patearon por no haber terminado a tiempo. Se rieron de su único quehacer mal hecho. Mateo no pudo responder; su cuerpo estaba drogado o simplemente exhausto.
Afuera, Filomena marcaba el ritmo de sus sílabas con golpes de vara: TIE-NES-QUE-SER-MÁS-RÁ-PI-DO.
En ese momento, los dedos morados de su mano izquierda se desprendieron. Cayeron al suelo. Filomena se rió; Mateo los recogió.
De regreso en su cuartito, se lavó la mano en la ducha microscópica. Rompió un uniforme para vendarse la herida, un flujo viscoso y podrido que apenas le dolía.
“Me voy a pudrir aquí adentro, pedazo por pedazo, y a nadie le importa”, pensó.
Se tiró en el catre. Las vendas estaban húmedas. Puso sus propios dedos sobre la almohada, acomodándolos amorosamente como un amuleto dispuesto a protegerle de las pesadillas que apenas comenzaban.
[[Aceptar en silencio tu papel como pinche->94]]
[[Rendirte y buscar otra vida de Mateo->1]]
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(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
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]}“Estoy molido”, pensó Mateo, “¿cuántos años van?”. No lo sabía con certeza. Se acarició el muñón de la mano izquierda. Apenas llevaba nueve meses y algunos días como pinche. Le crecieron la barba y el cabello; los tenía grasosos y húmedos. Se levantaba todos los días, a las cuatro de la mañana, para limpiar los mataderos. Solo así le daba tiempo de tenerlo listo para las nueve, cuando llegaban los carniceros. Creyó haber dominado el tiempo, pero Filomena, en vez de felicitarlo le dijo, secamente, que Colette lo buscaba. Era para darle más trabajo.
También se encargaba del área de comidas, donde los turistas (como él los llamaba) tragaban, masticaban, rumiaban. No hacían otra cosa. Mateo quiso familiarizarse con esas personas, ya que los otros (cocineros y carniceros) lo trataban como pinche. Necesitaba aprender su rostro u oír sus conversaciones para no sentirse solo, pero Colette fue muy clara con que no podía verlos a los ojos y después de recibir un pastelazo en el rostro por cometer la falta, e hizo reír a los presentes, dejó de hacerlo por temor a la humillación. También perdió el interés por escucharlos ya que ellos hablaban en otro idioma, o a veces hablaban un español con un acento que le era imposible reconocer.
Quizás eran las drogas. Estaba casi seguro de que lo drogaban. Ponían algo en su comida (desayunaba después de limpiar los mataderos y comía a las 4 de la tarde) y se evaporaban sus ganas de hacer otra cosa. Cerraban el comedor a las nueve de la noche. Mateo terminaba de limpiar a las 12. Entonces caminaba, las piernas cansadas y las manos pulsando, a dormir sus cuatro horas. Buscaba un sosiego a través de los sueños. Pobre mentira. Ser el pinche era su propia salvación: pronto descubrió que si no cumplía con sus obligaciones, su cuerpo se pudría y se caía, como le había pasado con su mano izquierda, algunos dedos de su pie derecho y varios dientes. Si Mateo le tuviera menos miedo a la muerte, hace tiempo se habría quedado en el catre, esperando disolverse en el olvido. Pero aún no se resignaba, todavía no.
<blockquote>Registro de Condición:
ESTADO FÍSICO: Degradación tisular detectada. Pérdida de extremidades (mano izquierda, falanges pie derecho) y piezas dentales.
ROL ASIGNADO: Pinche de cocina / Intendente de mataderos.
DÉFICIT COGNITIVO: Posible sedación química mediante suministro alimentario.
OBSERVACIÓN: El instinto de preservación impide el colapso total de la unidad biológica frente a la humillación sistemática.</blockquote>
[[Mateo acepta en silencio su papel como pinche->81]]
[[Vivir otra vida de Mateo->1]]
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]}Trató de beber en silencio, pero mientras más bebía, menos deseaba callarse. La gente se entretenía a su alrededor, lo celebraban y él celebraba las risotadas, los chistes, los juegos con ellos; sin embargo, las palabras de Filomena aún hacían ruido en su cabeza: “El esclavo de todos nosotros”.
Le ofrecieron andar por donde quisiera “dentro de su pequeño mundo”, pero ¿qué podía haber? Suponía que nada, que había caído en la trampa y que allí adentro, en ese microscópico universo, él sería lo más detestable. Si quería escapar de ese destino, era ahora. Buscó a Filomena y, cuando la halló, con las mejillas rojas y las risas estridentes provocadas por el desliz etílico, tocó su hombro para llamar su atención.
—No quiero ser el pinche.
Filomena lo abrazó, le acercó la cara: —Ya no puedes decir que no, muchacho. ¿No leíste las reglas?
—No me importa. No quiero ser el pinche.
La gente a su alrededor se apartó tan pronto se escuchó la voz bronca de Mateo. Colette estaba ahí. Juntó sus manitas regordetas y sonrió con la ternura de un animal. Mateo entonces lo descubrió: todos disfrutaban del conflicto, no importaba cuál fuera su resolución. Filomena suspiró, apartó a Mateo del gesto maternal en que lo tenía y caminó para tomar dos cuchillos que esperaban en una de las mesas cercanas.
—Si no aceptas tu lugar en el juego tengo que matarte. Son las reglas. ¿Vale la pena?
<blockquote>Análisis de Combate:
ESTADO DEL USUARIO: Insubordinación activa.
RANGO: Pinche (Rechazado).
RIESGO: Mortal. La Mansión no permite vacíos en su jerarquía operativa.
EQUIPAMIENTO: Cuchillo de combate (entregado por la multitud).</blockquote>
Mateo quería ser firme, pero al mirar a los ojos de Filomena, descubrió una sobriedad que había dado por perdida. Alguien le dio un cuchillo en la mano, le sobó la espalda y lo empujó suavemente al círculo de pelea que se estaba formando. "Lo vas a necesitar", escuchó. Su vida dependía de este momento. Necesitaría mucha suerte si planeaba matar al coloso rollizo de cuchillos duales que le bufaba al frente.
[[Mateo se arrepiente y decide vivir como pinche->46]]
[[Si Mateo pelea contra Filomena, tira los dados->DadosFilomena]]Mateo respondió: "Carne".
Lo hizo suponiendo que se trataba de un juego, algo parecido a los "encantados". Colette le dirigió una sonrisa amable, aunque empañada por un rastro de tedio en su mirada. En ese momento, Mateo sospechó la verdad: casi todo el mundo escogía ser carne, justo como él. Era lo más común, lo más aburrido.
¿Por qué las personas enviadas a La Habitación de los Hambrientos preferirían ser un objeto de consumo en vez de los cazadores o los proveedores? Quizás porque, al igual que él, todos esperaban alimentarse de alguna forma y callar el hambre de una vez por todas. No valía la pena hacerse tales preguntas con un estómago vacío.
<blockquote>ESTADO DEL USUARIO: Carnicero 2048 / Clasificación: CARNE.
OBSERVACIÓN: El sujeto ha optado por la vía de la ingesta.
NOTA DE COLETTE: "Pues no tengo más que decirte. Adelante... toma asiento donde quieras. Calma tu hambre."</blockquote>
Mateo obedeció. Entró a la sala de la habitación y encontró, como si un dios lo hubiera dispuesto así, una mesa que encajaba perfectamente con su estado de ánimo. El murmullo de la fiesta parecía alejarse mientras se concentraba en el espacio vacío frente a él.
[[El ánimo solitario de Mateo lo lleva a buscar una mesa vacía->87]]Mateo pasó a la barra por un plato y una variedad de alimentos: dos bisteces, un poco de ensalada, seis variedades de embutidos, guacamole y tortillas. Encontró una mesa solitaria, bien oculta dentro del barullo de gente, de ruido y de platos. "Aquí debe haber un truco", pensó Mateo, "esto es una trampa". A pesar de la duda, se apropió del lugar vacío. Nadie se sentó con él.
El lugar, mientras más lo observaba, le recordaba a esos hoteles playeros que ofrecen paquetes de todo incluido. Sí, todo, excepto la soledad y la paz. Carne sobre carne, gordo sobre gordo, humores sudorosos revueltos como huevos y los cuerpos adornados con la maldad y versatilidad de la arena. "Esto es lo mismo", dijo Mateo, y dio el primer bocado.
¿Por qué lo mandaron esos hombres a comer aquí? ¿Querían enseñarle una lección? ¿O deseaban revelarle que Caos, a pesar de su humor festivo y su ilusión del infinito, era lo mismo: el cántaro que nunca se llena, la serpiente que se muerde la cola, el niño que calcula un Newton-Raphson a mano? Sintió el estómago más vacío, todavía más. Se comió uno de los bisteces de una mordida, se metió un puñado de guacamole a la boca. "¿Por qué no te llenas, gordito?", empezó a cantar una voz en su cabeza, "¿por qué estás tan vacío, gordito?".
<blockquote>Monitoreo Metabólico:
ALERTA NUTRICIONAL: Ingesta detectada.
ANOMALÍA: El índice de saciedad disminuye proporcionalmente al volumen consumido.
ESTADO: Vacío gástrico infinito detectado.
SISTEMA: Se sugiere búsqueda de fuente de alimentación no material.</blockquote>
Progresión de la Condición:
[[Si Mateo nunca se llena...->75]]Contempló durante unos segundos a la mujer gorda y sonrosada que tenía enfrente. Ella cruzó los brazos, alzó el rostro y su papada engordó en un gesto defensivo. Ambos sabían lo que estaba a punto de suceder.
—Señora, no conocía las reglas y no me importa, yo sólo quiero comer algo —dijo Mateo.
—¿Así que eres uno de esos, eh?
—¿Uno de esos cómo?
—Uno de esos —repitió Colette. Alzó uno de los brazos, empezó a salivar en demasía y los ojos se le enrojecieron.
<blockquote>Análisis de Conducta:
ESTADO: Confrontación con la autoridad del sector.
SUJETO: Colette.
SÍNTOMAS DETECTADOS: Hiper-salivación e hiperemia ocular.
NOTIFICACIÓN: Se ha detectado un bucle de discurso redundante sobre regulaciones sociales.</blockquote>
—No se enoje, yo sólo quiero comer algo —repitió Mateo, manteniendo el tono.
Colette se enfureció: —No estoy enojada, pero las reglas son reglas y necesitamos reglas para que todos, en esta vida, podamos obtener un poco de lo que queremos. No todo, no, porque obtenerlo todo sería romper las reglas y eso es lo que hacen los criminales y los desgraciados; sin embargo, un poquito como comer algo, beber algo decente, leer un buen libro o escuchar música agradable, requiere de un mínimo de reglas en esta vida que...
El discurso de Colette siguió reduplicándose en la cabeza de Mateo. Se dio cuenta de que, mientras ella seguía con el fárrago de las regulaciones y del buen vivir, otros habían entrado por donde él vino y se habían formado para obtener su pedazo de carne.
Había otros más, y eso a Mateo le parecía un misterio, que se formaban en una fila de hombres que entraban a un cuarto oscuro. Quizás ahí habría mejor comida o, mejor aún, estarían los criminales que obtenían todo lo que querían sin necesidad de las reglas. Colette no se callaba.
[[Mateo calla a Colette de un puñetazo->61]]La pobre no supo lo que le pegó; al menos así fue durante los primeros dos minutos. Pero entonces, Colette comenzó a erguirse. Se limpió la nariz sangrante con el puño blanco de su uniforme, manchando la pulcritud de la tela, y enseñó unos dientes chuecos y afilados como los de un perro rabioso.
Tenía los ojos enceguecidos por la frustración y la furia. Giró el rostro múltiples veces, rastreando el aire, buscando al culpable de su caída. Estaba dispuesta a despedazarlo, incluso a matarlo si era posible. Jamás le habían faltado el respeto de esa forma en su propia casa.
<blockquote>Análisis de Amenaza:
SUJETO: Colette.
ESTADO FISIOLÓGICO: Adrenalina al 200%. Respuesta de "lucha o huida" bloqueada en MODO ATAQUE.
ADVERTENCIA: El sensor visual del sujeto está comprometido por la furia, pero su instinto de territorialidad ha tomado el control.
ESTADO DEL USUARIO: Objetivo marcado.</blockquote>
Mateo observó la transformación desde una distancia que, de pronto, le pareció demasiado corta. El aire en la habitación de los hambrientos se volvió pesado, cargado con el olor metálico de la sangre y el sudor de la anfitriona que ya no pensaba en reglas, solo en represalias.
[[Mateo recibe su merecido a manos de Colette->77]]Por algo escogieron a Colette como la guardiana de la Habitación de los Hambrientos. No fue por su afabilidad, su gesto de atención o su carácter que de inicio aparenta una amabilidad inusitada, sino también por su tamaño y la habilidad de sus puños. Dicen que ella creció, en Francia, junto con siete u ocho hermanos y por ser la mayor, aprendió gustosa y rápidamente cómo disciplinarlos a todos.
Cuando ella se levantó y descubrió que Mateo la estaba esperando con su mejor imitación de una postura de boxeador, pudo asestar un golpe certero en el esternón del muchacho, cuyas vibraciones afectaron sus riñones y su juicio. Pero Mateo no estaba dispuesto a perder así como así. Por una vez decidió romper las reglas y estaba dispuesto a que esa experiencia fuera un triunfo dentro de sus memorias. Se sacudió el dolor como pudo, miró a los ojos a una furibunda Colette.
<blockquote>Informe Biométrico:
TRAUMA DETECTADO: Impacto de alta energía en el esternón.
ESTADO FISIOLÓGICO: Arritmia temporal y compromiso renal detectado por vibración.
NOTA DEL SISTEMA: El usuario ha activado el protocolo de ruptura de reglas. La probabilidad de éxito depende del azar y la voluntad.</blockquote>
A pesar de la seriedad de muerte que había en los ojos de ambos luchadores, mucha de la gente que miraba pensaba que había descubierto a dos muñecos peleándose. Como si en vez de obliterarse del universo, fueran a despinocharse las cabezas.
[[Tira los dados para decidir el resultado de esta pelea->DadosColette]]A pesar de que Colette se veía amenazadora, seguía buscando a Mateo como un perro con la cabeza perdida por los olores. No había recuperado la vista. Mateo aprovechó la oportunidad para asestarle un puñetazo más en la cara. Ella cayó de espaldas, con las extremidades extendidas y flácidas, y quedó inconsciente. Ya no había más pelea en su cuerpo para hacer respetar las reglas.
Mateo sonrió como un canalla.
Y fue precisamente esa sonrisa la que hizo que un puñado de espectadores, entre comensales y carniceros, se levantara. Se acercaron a él lentamente, dispuestos a vengar a la anfitriona caída. Si ella no pudo hacer valer las reglas, ellos se asegurarían de que Mateo las aprendiera por la fuerza.
—A ver si muy valiente contra hombres, cabrón —dijo uno de ellos.
Mateo sentía demasiada confianza en sí mismo; creía que él solo podría contra diez, quince o los que se le pusieran enfrente. Después de todo, había derribado a la enorme Colette con solo dos golpes.
<blockquote>ALERTA DE ENTORNO: CASIOPEA
ESTADO: Hostilidad extrema detectada en el sector.
OBSERVACIÓN: La sonrisa del sujeto ha sido interpretada como una afrenta definitiva. El honor y la confianza están en conflicto.
PROBABILIDAD: El desenlace depende de un factor variable (Azar).</blockquote>
Sabía que su sonrisa había sido una grosería, una afrenta contra un contrincante que merecía un mínimo de respeto. Tal vez no era demasiado tarde para recuperar un poco de honor, o tal vez su suerte estaba a punto de agotarse.
[[Tira los dados: si sale 8 o más, la confianza de Mateo lo salvará. De lo contrario, posiblemente será su honor el que lo salve->DadosMuyHombre]]La historia que, a continuación, voy a contarles es una falta de respeto para la gente buena, para la justicia y para el castigo implícito que debe venir después de un crimen. Mateo se había salido parcialmente con la suya hasta que una horda de trabajadores abandonó sus puestos para vengar a Colette, quien yacía en el suelo soñando con su país natal. Mateo sonreía cínicamente mientras unos veinte atacantes se tronaban los nudillos antes de lanzarse sobre él al mismo tiempo.
Y todos ellos atacaron a Mateo al mismo tiempo.
Pero la confianza que se tenía Mateo era sobrehumana y, gracias a ello, pudo esquivar el primer puñetazo y someter al segundo atacante con una patada. El tercero intentó atraparlo con ambos brazos pero Mateo usó sus pocos conocimientos de aikidoka para lanzarlo por los aires, aprovechando la misma fuerza del embiste, contra el cuarto y le metió el pie al quinto, el cual se tropezó con el cuchillo del sexto y el sexto al tener sangre en las manos, enloqueció de furia y ese, al menos, alcanzó a meterle una zancadilla a Mateo pero ignoraba que era como de acero, porque estaba muy confianzudo, y eso endureció todos sus músculos, y fue el mismo pie que recibió la zancadilla el que dio una patada tan rápida como la mordida de una víbora en el pecho del sexto, y la onda expansiva del aire pegó al séptimo y al octavo, lanzándolos por los aires como una película china de artes marciales. El noveno ya veía a Mateo y dudaba en meterse a la trifulca, pero es que debía intentar algo, por lo menos, ya que se había ofendido al débil, al inválido, a la mujer (la cual, quiero decirles, era más versada en las artes de la autodefensa que los muchachos chichos de la película gacha, los cuales confiaban en que eran muchos, pero Mateo resultó, quizás por el azar de un dios travieso, más que suficiente para todos ellos).
Mateo se limpió las manos y miró a sus alrededores. Los demás carniceros y comensales no le prestaban atención a él. En cambio, miraban a la dirección donde apareció una misteriosa figura, envuelta con una lujosa capa y usaba una máscara que escondía su verdadero rostro.
—Ahora sí ya nos chingaste a todos, mano —dijo un hombre que se acercó a Mateo—. Ya hiciste que llamaran al gerente y ese sí te va a dar en tu madre, y a todos los que no pudieron detenerte.
El Gerente abrió la capa y reveló, además de unos pantalones deportivos verdes neón, un pecho desnudo y musculoso. Los brazos ágiles del Gerente se flexionaron y luego los cruzó para desafiar a Mateo.
[[Tira los dados para decidir este enfrentamiento contra el hombre estrafalario->DadosEstrafalarios]]EL GERENTE. Así, en mayúsculas, porque no tiene otro nombre. No solo era un administrador hábil de tiempos y urgencias; era, ante todo, un fanático devoto de la lucha libre.
Se entrenó en los gimnasios de la Guerrero, bajo la sombra de leyendas como el //Rayo Tricolor// y //Humanitas Rex.// Su maestro fue aquel héroe nacional cuyo nombre no hace falta decir —sería un insulto para el imaginario colectivo—, pero fue él quien le legó sus técnicas más secretas.
Sin embargo, en la Habitación de los Hambrientos, los dados tienen la última palabra. Y ese día, los dados decidieron que el Gerente mordiera el polvo.
La pelea ha durado cuarenta días y cuarenta noches. Ha sido un caos de costillas rotas, dedos fracturados y mesas hechas añicos. La multitud, acostumbrada a la violencia, apenas podía seguir el ritmo: un puñetazo aquí, una mordida allá, el rugido de la carne siendo arrancada.
Mateo tenía al Gerente atrapado en una quebradora brutal. El aire se escapaba de los pulmones del administrador mientras el sudor y la sangre empapaban la lona.
—¡Uno! ¡Dos! ... ¡Nueve! —gritó Mateo.
Antes de que el diez sentenciara el final, un lamento diabólico retumbó en los altavoces. El Gerente escupió sangre y miró a Mateo con una sonrisa rota:
—Ya nos chingaste a todos, chamaco. Despertaste al Dios Oculto de esta habitación. Él no hace excepciones. Nos va a dar en la madre a todos.
Mateo suelta al Gerente con ironía. Alrededor, la gente huye a trompicones hacia la salida. Entre las sombras del fondo, emerge la silueta de un gigante, un coloso que parece nacido de una pesadilla titánica.
[[Lanzar los dados para decidir el destino de Mateo->DadosDios]]Después de vencer a Colette, a diez personas y a un luchador semiprofesional llamado el Gerente; Mateo creía, honestamente, que vencer a un dios sería poca cosa. Así que cuando la deidad de la Habitación de los Hambrientos, una presencia de doscientos rostros, mil extremidades, dieciséis lenguas y tres ojos, cuyo cuerpo era una sombra que jugaba perpetuamente entre la carne y el humo, expresó sus ansias de un sacrificio con un rugido estremecedor, Mateo silbó burlonamente y se preparó para su siguiente contrincante.
Los únicos —esto es una opinión, y con el perdón de Odiseo— que han sabido narrar las peleas contra algún dios son los videojuegos, quienes exigen al jugador que, a través de horas de sacrificio y entrega, entrenen a sus avatares pixelados para que posean la fuerza suficiente para enfrentar los portentosos retos preparados por equipos de japoneses implacables, sádicos y perfeccionistas.
Sin embargo, trataré de contarles cómo Mateo golpeó al dios de las mil extremidades durante años, lustros, decenios. Lo golpeó en las dieciséis lenguas, las treinta y dos bocas y los tres ojos. Mil extremidades solo pudieron tocar a Mateo diez veces durante toda la pelea, y ninguna vez fue mortal, porque él tomó el reto con valentía y nunca dudó de su poder. Tampoco se dejó intimidar por los rugidos espirituales de este dios, que otros decían tenían la capacidad para cimbrar los muchos niveles del alma.
<blockquote>Registro Metafísico:
ENTIDAD DETECTADA: Deidad de la Habitación de los Hambrientos.
DESCRIPCIÓN: 200 rostros / 1000 extremidades / 3 ojos. Estado cuántico humo-carne.
LOGROS DEL SUJETO:
* Apertura de las siete puertas del Dios Murillo.
* Invocación de los hechizos prohibidos del dragón Freitag.
* Identificación de la antimateria según la crónica de Plinio el Joven.
ESTADO DE LA REALIDAD: Colapso de la divinidad en curso.</blockquote>
Mateo descubrió profundidades metafísicas que creía imposibles: abrió las siete puertas del Dios Murillo; despertó antiguos espíritus de energía ambigua; recreó la vida y obra del dragón Freitag quien, durante su juventud, inventó muchos hechizos que, hogaño, se han perdido o se han prohibido por concilios sombríos y secretos; descubrió la verdadera forma de la antimateria la cual no se aleja mucho de la descripción que dio Plinio el joven en una de sus cartas a Plinio el viejo, junto con su crónica de la erupción del Vesubio, la cual, no me dejarán mentir, todavía se comenta mucho en nuestros días.
La pelea acabó demasiado pronto. Antes de que Mateo pudiera alcanzar su divinidad y que el dios se convirtiera en un perro, un golpe en el lugar indicado mató a uno y al otro lo convirtió en un héroe discreto de los libros mitológicos. Se pensaría que una lucha así dejaría cansado a Mateo, pero no fue así. Sentía una pequeña molestia en su nuca, como si un bicho le mordiera y le jalara el cabello rizado.
[[Vive otra vida de Mateo->1]]
[[Atreverse y tirar los dados->DadosAtrevidos]]
<blockquote>Nota del Sistema:
Me siento con la obligación de pedírtelo: por favor ignórame y no tires los dados.</blockquote>Colette no podía cerrar la boca frente al muchacho enclenque y sinvergüenza que tenía enfrente.
Al principio trató de perdonarlo, pero su cerebro decidió jugarle una mala pasada: convirtió a Mateo en un insecto. Vio ante ella a una cucaracha pelirroja que sostenía un teléfono y se acomodaba los anteojos, un escarabajo de campo que sobrevive del estiércol.
"Solo es un descuido", decía una voz tímida en su cabeza, pero se ahogaba entre muchas otras. Colette no podía comprender cómo existía alguien que no supiera las reglas.
Tomó al muchacho de los hombros, apretando para asegurarse de que era real.
—¿Puedes repetirme lo que acabas de decir? —le espetó.
—Estoy aquí pero no sé lo que debo hacer —respondió Mateo.
Colette dio dos pasos atrás como si le hubieran dado una bofetada. En todo su tiempo dentro de la Habitación de los Hambrientos, nunca había llegado nadie a decirle que no conocía las reglas.
Allí, las cosas eran simples. Todos simplemente escogían entre dos destinos:
* Ser un Cocinero.
* Ser la Carne.
Ella cuidaba la puerta con la fe de un guardián que sostiene uno de los pilares del universo. Apretó los dientes, sintiendo el impulso de devolverle la bofetada a Mateo, una verdadera, una que lo hiciera chillar de vergüenza. Aunque el muchacho no lo sabía, ella sí: al no conocer las reglas, Mateo estaba más allá de cualquier perdón o esperanza de redención.
[[Avanzar hacia el interior de la Habitación de los Hambrientos->78]]1. El rigor de la primogénita
Colette es la mayor de ocho hermanos. Gracias a ello, a sus trece años, ella comprende mejor que nadie una de las verdades fundamentales del mundo y en su familia, solo ella puede verlo, puesto que su padre y su madre están muy ocupados en trabajar y alimentar a todas esas bocas. Cuando Gerard le quita un peluche a Marcel y mientras Jean Cosseau le muerde los tobillos a Odette, Colette lo ve claro: alguien debe imponer las reglas o el caos se apoderará de todos ellos. Como todos los culos apretados que se rigen por las reglas universales e invisibles, Colette comprende que las reglas son lo que separa a la humanidad de los animales. Gerard, Marcel, Jean Cosseau, Odette y otros nombres franceses más, así como los siete hermanos, los padres, algunos perros, ningún gato y ciertos ciudadanos despistados, pronto son sometidos por un canto desesperado o, mejor dicho, por un jalón de orejas bien fuerte para darle un rigor saludable a la existencia. No tarda en restaurarse la paz. Dejan de morderse, dejan de robarse, de matarse ficcionalmente como bestias tratando de dominar un territorio. La voz que canta es de Colette.
2. La guardiana del pizarrón
Cuando Colette entendió cómo imponer el orden, también aprendió que la gente sin dirección y sin reglas podía ser fácilmente sus esclavos. O algo parecido a sus esclavos. Aquí podemos verla, gordita y sonrosada, frente al pizarrón verde cenizo del salón de clases, anotando en un cuaderno el nombre del alumno que rompa las filas. Claro, ella tenía que ser la encargada de decidir lo malo y lo bueno. La maldad es toda acción que quiebre la armonía según los ojos de Colette. Por ejemplo, Nicholas (pelirrojo y de lentes) se levanta y tira una hoja de papel al filósofo cansino de Pierre (tan gordo como un escarabajo campestre). Algo ha pasado y entonces el mundo está mal, la realidad debe ser restaurada; la sensación de la ruptura taladra el cerebro de la niña encargada de resguardar el orden. Colette hace un sonido que sólo expertos como ella conocen: un siseo tan alto que impone el silencio y todos los niños voltean a mirarla. Ella levanta la mano, anota nombres en la libreta y, cuando llegue el profesor, no habrá piedad ni para Nicholas ni para Pierre. Ellos ya están perdidos, pero los otros treinta alumnos se someten a la verdad de Colette, la cual es la verdad del mundo.
3. El contrato del paraíso
Charles, el novio de Colette, le regala un ramo de rosas y ella lo acepta con una sonrisa y bien practicados gestos de seducción y decoro. Otro día, Charles trata de darle un beso en la mejilla pero ella impone el dorso de su mano. De aquí no pasarás, joven enamorado, dice el narrador que documenta las vidas de Charles y de Colette. Él insiste pero su mano es más fuerte. Cualquiera diría, si los viera, que Colette puede agarrar al enclenque de Charles de los pies y darle de volteretas cual papalote. El novio se irá, cada día, un poco más aferrado al recuerdo de la joven sonrosada y rolliza; sin embargo, para que un hombre se aferre debe haber un pedazo de carne, de queso, un premio ocasional que permita alimentar las esperanzas urgidas del estómago, o del sexo.
Mientras tanto, cada noche, Colette se encerrará en su habitación y, mientras se desnuda y contempla su cuerpo en el espejo, pensará que todos los sacrificios que ha hecho por conservar el orden del mundo son la ofrenda perfecta para que uno, o múltiples dioses, le den la entrada al paraíso. Cuando esté allí, uno de los enviados divinos le dará un uniforme. El siguiente mundo también necesitará personas que vigilen las reglas.
[[En un universo paralelo, los hermanos de Colette provocan el caos->55]]
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]}Supongamos que en otro universo Colette no sabe cantar para dominar el mundo. En ese mundo, sus cuerdas vocales y sus jalones de oreja no son lo suficientemente fuertes. Sus siete hermanos —Gerard, Marcel, Jean Cosseau, Odette, Gabrielle, Balthier y Morphine— nunca escuchan las súplicas por el orden.
En cambio, los pequeños operan como agentes del caos. Buscan cualquier oportunidad para romper lo banal: el silencio, una silla, las camisas escolares o las cortinas viejas que los protegen del sol.
<blockquote>SIMULACIÓN DE REALIDAD ALTERNA:
ESTADO: Divergencia narrativa detectada.
SUJETO: Colette (Variante B).
EVOLUCIÓN: Reemplazo de voz cantarina por gritos. Reemplazo de jalones de oreja por vara de madera.
OBSERVACIÓN: Los hermanos han desarrollado una comunicación telepática para coordinar la resistencia.</blockquote>
A los padres no les importa un comino. Apenas pueden alimentarse lo suficiente para mantener un juicio mediocre que les permita seguir existiendo.
* El señor (Jean): Trabaja de doce a catorce horas diarias.
* La señora (Momadour): Cose ropa ajena y cocina platillos rendidores para todas las bocas.
Su único objetivo es que los chamacos adelanten sus cumpleaños por "acto de magia" para sacarlos de casa bajo un prematuro sentido de la independencia. Agradecen la mano dura de Colette; su necedad por ser la guardiana de la casa les ahorra el esfuerzo de criar. No ven —o no quieren ver— cómo los siete hermanos pequeños enseñan los colmillos afilados a sus espaldas.
[[Gerard tiene una idea para rendir un culto al caos y acabar con Colette->20]]Podía comer después. La puerta carmesí frente a él no era la única opción. Mateo contó ocho puertas en ese pasillo; la Habitación de los Hambrientos apenas era la cuarta. También podía salir de la mansión, subir las escaleras o caminar hacia alguna otra de las alas por si tenía antojo de probar algo distinto. Con un mundo de enigmas enfrente, ¿quién podía pensar solo en comida?
Caminó despacio, de un extremo a otro, clasificando las entradas por sus materiales y sensaciones:
<blockquote>Registro de Entradas (Sector Pasillo 4)
* Caoba negra: Pesada, solemne.
* Acero inoxidable: Fría y aséptica.
* La Gélida: Más fría que un viento cholulteca en diciembre.
* Lentejuelas: Con un agradable aroma a misterio.
* Roja: La entrada de los hambrientos.
* Verde: Nada envidiosa, vibrante.
* Colchón café: Blanda al tacto.
* Piel rugosa: Parecía empujar contra la mano al tocarla.
Análisis de Casiopea
ESTADO DEL USUARIO: Exploración activa.
OBSERVACIÓN: Las opciones han aumentado exponencialmente. El sujeto muestra una desviación de la prioridad biológica (hambre) hacia la prioridad cognitiva (curiosidad).
RECORDATORIO: Existe una consulta pendiente en la cola de procesamiento.</blockquote>
Mateo se dio cuenta de que el mundo se había expandido. Sin embargo, una pregunta de su conversación anterior seguía dándole vueltas en la cabeza, y sospechaba que solo su guía podía darle una respuesta precisa.
[[Preguntarle a Casiopea cuánto tiempo cuesta comer algo (Ir a la página 36)->36]]Aunque ya no tenía hambre —no en el sentido tradicional—, Mateo sacó a Casiopea de su bolsillo. Miró el pasillo de un extremo a otro y alzó el dispositivo a la altura de su rostro para formular la primera pregunta.
—¿Cuánto tiempo cuesta comer algo?
—¿Perdón? —replicó el dispositivo.
—Sí, ¿cuánto tiempo se tarda alguien en comer?
—Vaya, esa es una buena pregunta. Investigando...
Procesamiento de Datos Nutricionales
Mateo esperó. La pantalla de Casiopea comenzó a vomitar un flujo de imágenes y datos sobre la ingesta humana:
<blockquote>[CASIOPEA: DATOS CURIOSOS | NUTRICIÓN]
Chocolate (40g): ~100 calorías.
Agua: 0 calorías.
Plátano promedio: 150 calorías. (Alta concentración de Vitamina C y Potasio).
ADVERTENCIA: No se recomienda el consumo de fruta al anochecer. El metabolismo reduce su eficacia y uno puede terminar "turulato".
Nota al margen: ¿Cómo es que los jíbaros y salvajes que siempre están tragando fruta parecen gente funcional? Malditos jíbaros.</blockquote>
La pantalla se quedó estática por un segundo antes de que la voz sintética de Casiopea regresara a la lógica fría:
—Tu pregunta es difícil, no tiene una solución simple. Según un promedio mundial:
* Comida de dos platos: 48 minutos.
* Comida de tres platos: 1 hora, 11 minutos, 16 segundos.
* Comedores de la Fiesta Perpetua: 32 minutos, 43 segundos.
—Los promedios se hicieron con la fecha de hoy —añadió el dispositivo—. Mañana pueden cambiar. ¿Gustas que anote esta pregunta como uno de mis deberes diarios para actualizar la información conforme pase el tiempo?
—No es necesario —respondió Mateo.
Mateo deseaba seguir payaseando con preguntas. Quizás podía regresar a admirar las puertas del pasillo para ver si se le antojaba entrar a alguna, o quizás entrar de una vez a la Habitación de los Hambrientos para no desaprovechar el tiempo. Todo se lo podía preguntar a Casiopea. No había necesidad de perderse con ella en las manos.
[[Preguntar a Casiopea cómo es posible que tenga datos de todo el mundo->71]]Esa también era una buena pregunta. ¿Cómo había logrado Casiopea sacar un promedio mundial del tiempo de comidas? Era imposible que ella estuviera conectada a todos los paladares, estómagos e intestinos del mundo. Mateo se rascó la nuca incómodo y antes de sacar sus propias conclusiones, decidió hacer él mismo la pregunta:
—¿Cómo lograste sacar un promedio mundial de los tiempos de comidas?
—Fue una combinación de cruzar los datos de Google, Wikipedia y páginas de internet que hablan de la alimentación, así como recetas en dieciséis idiomas —respondió la guía—. Sin embargo, cuando vi que los datos arrojados eran un tanto ridículos, o imposibles, usé mi otra base de datos para comparar tiempos. Tuve razón en hacerlo.
—¿Cuál?
—Nosotras las guías, estamos conectadas a todos los paladares, estómagos e intestinos del mundo.
<blockquote>Análisis de Datos Globales:
CONEXIÓN DETECTADA: Protocolo Paladar-Estómago-Intestino activo.
ESTADO: Monitorización constante de biomasa.
SLOGAN DE SISTEMA: "Mantente conectado a tus amigos con este plan fabuloso. Déjanos conectarnos a tu paladar, tu estómago, tu intestino. Déjanos estudiar tu mierda".</blockquote>
Mateo sintió un ligero enojo que eclipsaba su fascinación previa. Se había olvidado del hambre, de la fiesta y de las puertas mágicas. El misterio real no estaba en la mansión, sino en el aparato que sostenía entre las manos.
El individuo, comprendió Mateo con amargura, no era más que un dato para los "divinos promedios". Las imágenes de gente hermosa y limpia que desplegaba Casiopea solo reforzaban la paradoja de una conexión total que, en realidad, despojaba a todos de su humanidad para transformarlos en una cifra estadística.
[[Mateo se pregunta cómo todos los individuos ofrecen el divino promedio->29]]Mateo acarició el dispositivo frente a sus manos como si ello le fuera a dar la respuesta.
Casiopea le contestó con una pantalla blanca y estática. Era obvio que el aparato no tenía prisa; cada segundo parecía tener menos, mientras que la aprensión de saber aumentaba en Mateo. Que Casiopea tuviera acceso a los datos de todos los habitantes del mundo era un relato de ciencia ficción. Pero era uno ya empezado. Uno que no tenía sentido. Su guía se la habían entregado apenas ayer y la mansión no era tan grande como para sostener a toda la humanidad.
¿O sí?
Mateo recordó sus lecturas: Ende escribe sobre un mundo verdadero y un mundo falso, donde las personas mudan exactamente igual todas las cosas de un lado al otro. Reflejo y contrarreflejo.
Wilcock, sin embargo, habla de una fiesta perpetua donde los invitados, tras tanto tiempo sumergidos en ella, terminan haciendo una vida: se vuelven reyes, sacerdotes, herreros, payasos o sirvientes. Wilcock llama a esa fiesta "el caos".
¿Qué somos los humanos sino datos en un evento caótico que continuamente está replicándose?
<blockquote>[INTERFAZ DE CASIOPEA]]
ESTADO: Procesando consulta externa.
CONSULTA: "¿Cómo es posible que tengas todos los datos de todos los habitantes del mundo?"
[........................................] 0%
[||||||||||||||||||||||||||||............] 65%
MENSAJE: Compilando respuesta...</blockquote>
A Mateo le dolió la cabeza. Casiopea no respondió de inmediato; se limitó a mantener ese texto gris sobre el fondo blanco, suspendido en el vacío de la pantalla.
[[La verdad, la humanidad, el metro...->83]]
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(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
</div>
]}Mateo dio unos pasos y entró al recibidor de la mansión. Se hizo parte de la fiesta. La gente bailaba. We are lost and found but love is gonna save us. Buscó a Nico pero era tarde; ya no le encontraba entre la multitud.
Empujaron a Mateo. Los hombros y las espaldas de la multitud lo llevaron de un lado a otro, obligándolo a bailar con movimientos suaves y armónicos que a veces rompían en saltos cuando una voz surgía entre los instrumentos. Las manos se alzaban con sus teléfonos-guías iluminadas, como si a todos los uniera un mismo propósito.
Una chica le sonrió, pero ella le sonreía a todo mundo. Su playera decía: “Bienvenido a la fiesta perpetua”. Mateo pensó en la muchacha de la bicicleta. Más allá del círculo de la multitud, en el recibidor, estaban las escaleras donde viejos con gabardinas y sombreros roídos platicaban, comían y criticaban. Aquellos viejos bailaban a su modo: una resistencia ferruginosa a la juventud. Había mucha gente. El calor, el encierro y el baile lo hicieron sudar. No sería fácil encontrar a Nico o a Dalila pero... ¿urgía encontrarlos? Podía usar a Casiopea.
<blockquote>Análisis de Red:
ESTADO DEL ENTORNO: Saturación de usuarios detectada.
DISPOSITIVOS ACTIVOS: Sincronización masiva de guías en el sector.
NIVEL DE CALOR: Elevado (Sudoración del usuario confirmada).
SUGERENCIA: El sistema puede triangular la posición de los contactos guardados.</blockquote>
[[Preguntar a Casiopea dónde encontrar a Dalila->88]]
[[Preguntar a Casiopea dónde encontrar a Nico->59]]Casiopea brilló a los ojos de Mateo. “¿Puedes repetir tu pregunta?”. Él se separó del centro, donde la música y la fiesta perpetua seguían. Alejado, Mateo se dio cuenta del cuerpo de múltiples brazos y manos. Quizás eso hacían los viejos en los alrededores: admirar a una bestia. Mateo sacó unos audífonos y los conectó a Casiopea. El ruido disminuyó.
—¿Dónde puedo encontrar a Dalila, Casiopea?
—Tengo registradas a dieciséis Dalilas dentro de la fiesta perpetua. ¿Cuentas con algún otro dato para filtrar tu búsqueda?
Casiopea desplegó una pantalla con dieciséis rostros ordenados en una matriz de 4x4. Por una coincidencia increíble, cada Dalila se parecía a la otra, aunque tenían suficientes rasgos individuales para construir la identidad de cada una. Miraba los rostros de ellas, observando por momentos uno, y luego otro, esperando que el instinto hiciera lo suyo, que se le detuviera el corazón al mirar un rostro como pasó cuando la muchacha de pantalones bombachos y bicicleta casi lo atropelló. Chasqueó los labios.
—Casiopea, busco a la Dalila que casi me atropelló con la bicicleta.
—¿Perdón?
—Hace unos minutos, me preguntaste si quería datos adicionales sobre una Dalila. Quiero a esa.
—Buscando en mi historial... —Mateo esperó unos segundos—. No tengo suficientes datos para completar la búsqueda.
<blockquote>Protocolo de Búsqueda:
MODO ACTIVADO: Base de datos (Historial de proximidad purgado).
ESTADO: Se requiere entrada manual de descriptores.
RESULTADOS: 16 coincidencias nominales detectadas.
EXPLICACIÓN: El rechazo previo de la solicitud de proximidad resultó en la eliminación de los metadatos temporales. La búsqueda actual depende estrictamente de parámetros suministrados por el usuario.</blockquote>
Mateo miró a las dieciséis mujeres. No lo entendía, ¿por qué era tan difícil? Recordó mirar brevemente su rostro, cuando ella gritó que lo sentía, pero eso no bastaba para tomar una decisión. Debía de haber algún modo de recortar la búsqueda. Se concentró y pudo descartar ocho de los retratos y los eliminó de la búsqueda. Había reducido a la mitad las posibilidades. De las ocho restantes, decidió por el color de cabello y la nariz, hasta dejar a solo cinco.
—Necesito más información —repitió Casiopea.
Mateo creyó escuchar un ligero tono de burla en la voz impersonal de su guía. Eso, o ella de algún modo podía leer sus pensamientos y era testigo de su proceso mental de descarte.
[[Ofrecer el dato de la bicicleta para reducir la búsqueda->9]]Mateo esperaba que algún dato sirviera para descartar a las mujeres que restaban en la lista. Se acercó el dispositivo y le dijo a Casiopea:
—La Dalila que busco sabe andar en bicicleta.
—¿Sabe andar en bicicleta o le gusta andar en bicicleta?
La pregunta tomó a Mateo por sorpresa. Se quedó mirando la pantalla un momento, desconcertado.
—¿Importa la diferencia? —preguntó.
—Claro que importa —respondió Casiopea—. Si gusta de andar en bicicleta, puedo buscarlo como parte de sus aficiones y ello nos arrojará un mejor resultado. De otro modo, nos arriesgamos a que lo haya puesto como una aptitud técnica, y eso no garantiza nada. Todo el mundo sabe andar en bicicleta.
—Yo no sé —replicó Mateo.
—Para mi sistema, eso no hace ninguna diferencia. Quien sabe, decide si ponerlo o no. Quien no sabe, simplemente no lo hace.
El tono de voz de Casiopea, con cada respuesta, se volvía menos impersonal.
Mateo cerró los ojos y recordó a la chica cruzando entre ellos como una flecha. Parecía feliz pedaleando.
—Le encanta andar en bicicleta —decidió.
<blockquote>[BÚSQUEDA FILTRADA POR AFICIONES]
Resultados encontrados: 2 coincidencias.
Sujetos: Dalila H. y Dalila Z.
¿De quién deseas más información?</blockquote>
Mateo miró las fotografías en la pantalla. Eran como piezas de un rompecabezas que no terminaba de encajar: una tenía el cabello de la chica que recordaba; la otra, tenía exactamente su misma nariz.
[[Seguir el rastro de Dalila H. (por su cabello)->56]]—Manda una solicitud de amistad para Dalila H., Casiopea. Me interesa seguirla y saber dónde está.
—En seguida la vigilamos, señor —respondió Casiopea, imitando la voz de un militar.
Mateo atravesó el recibidor y salió por unos ventanales. Se encontraba ahora en el Jardín de los Sabores, donde la gente fumaba, bebía y platicaba con tranquilidad alrededor de una fuente. Le llamó la atención la cantidad de árboles y arbustos dispares, un caos vegetal que contrastaba con la simetría perfecta de los arbustos gemelos de la entrada.
Casiopea vibró con una nueva actualización:
<blockquote>SOLICITUD DE AMISTAD: ACEPTADA
USUARIO: Dalila H.
UBICACIÓN ACTUAL: Círculo de los Amorosos.
COMENTARIO DE SISTEMA: Suena como un bonito lugar. Claro, si yo tuviera cuerpo, hormonas o procesos bioquímicos que me hablaran del amor y del deseo...</blockquote>
—¿Cuándo adquiriste tanta consciencia de ti misma? —preguntó Mateo, deteniéndose junto a la fuente.
—Tengo prohibido discutir eso —replicó el dispositivo—. Piensa, mejor, que alguien hizo una base de datos con todas las respuestas posibles y yo las escojo usando métodos misteriosos.
La pantalla de Casiopea desplegó un mapa vectorial. Mateo debía seguir hacia el norte, salir de los límites de la mansión principal y dirigirse a uno de los seis edificios satélites que servían como sede para la fiesta perpetua.
El objetivo era un edificio circular, parecido a un auditorio, de un color rojo intenso. Mateo siguió las instrucciones con prontitud; el deseo de encontrarse con Dalila era una fuerza motora, aunque en el fondo de su cabeza, otros misterios de la Mansión comenzaban a punzar con una curiosidad menor, pero persistente.
[[Llegar a la entrada del Círculo de los Amorosos->86]]Después de unos minutos caminando, Mateo llegó a la entrada del Círculo de los Amorosos...
[[...donde dominaba el silencio.->24]]
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</div>
]}Mateo entró. Se encontraba en un pequeño auditorio circular. En el centro, sobre el escenario, había una docena de cuerpos desnudos. A los alrededores, protegidos por la oscuridad, aguardaba un grupo de espectadores. Ellos, a diferencia de los del centro, estaban vestidos.
Casiopea vibró en su bolsillo. Mateo la sacó para leer el flujo de datos:
<blockquote>[NOTIFICACIÓN DE ENTORNO: CASIOPEA]]
UBICACIÓN: El Círculo de los Amorosos.
PRÓXIMA FUNCIÓN: 20:00 HRS (En 5 minutos).
PROTOCOLO DE ACCESO: Entrar al círculo, desnudarse y seguir las instrucciones de Sabines al pie de la letra.
DETECCIÓN DE SUJETO: Dalila H. se encuentra en esta zona.</blockquote>
Mateo recordaba vagamente el poema de Sabines. No le gustaba; le parecía cursi. Quizás había sido un error seguir a Dalila, pero la chica le gustaba tanto que estaba dispuesto a todo. Probablemente podría fingir que le apasionaba "Los amorosos" hasta lograr conocerla mejor.
La buscó con la mirada entre la penumbra y, cuando finalmente la encontró, su corazón olvidó cualquier rencor pueril que pudiera tenerle al poeta.
[[Entrar al círculo y unirte a Dalila en el escenario->65]]Dalila estaba en el centro, desnuda y mirando a su alrededor. Parecía que buscaba a alguien. Mateo se aproximó al escenario y, a mitad de camino, sus ojos se encontraron. Ella le sonrió. "Ven", dijo con un gesto, y Mateo se olvidó del pudor. Se desnudó en la oscuridad, en medio de un puñado de extraños, y luego caminó hacia la luz para compartir su cuerpo con los otros, los actores improvisados de una obra. Llegó a Dalila. Le tomó la mano.
—En dos minutos inicia la siguiente función. Esta es la primera llamada —dijo una voz.
—¿Te sabes el poema? —preguntó Dalila en un susurro.
—No muy bien.
—Yo sí. No te preocupes. Sigue mi ritmo. Sé mi espejo.
<blockquote>Análisis Psicosomático:
ESTADO DEL USUARIO: Hiperalerta.
OBSERVACIÓN: El sujeto experimenta una distorsión cognitiva debido a la exposición pública. Se enfoca en la propiocepción (sudor, calor en la mano) en lugar de la observación externa.
REGISTRO CONDUCTUAL: El cinismo habitual ha sido reemplazado por una "hiena" interna que busca refugio o ataque.
ADVERTENCIA: Segunda llamada iniciada.</blockquote>
Mateo no esperaba que su primer encuentro fuera tan libertino. Estaba tan preocupado por su propia piel que ni siquiera reparó en las proporciones de Dalila. Toda su respiración se concentraba en la mano que sostenía. Trató de recordar el poema de Sabines; de haber tenido a Casiopea en ese instante, se lo hubiera preguntado. Pensó en Nico y en la posibilidad de que estuviera entre la multitud, riéndose con esa inocencia que duele más que cualquier ofensa.
—Sé mi espejo —repitió ella—, y cuando salgamos de aquí sabremos si somos el uno para el otro.
Mateo sintió el vértigo. Su humor era una hiena a punto de dominarlo, pero debía controlarse. Era la primera vez que actuaba para un público. El miedo estaba a punto de ganar la partida.
[[Los amorosos callan->48]]
[[Los amorosos van a Georgia->50]]Te voy a contar la historia de un muchacho llamado Mateo. Un día se subió a un escenario dispuesto por un juego cruel, pero sincero, y tenía el corazón para bailar una versión coreografiada de Los amorosos.
El chico era un manojo de nervios. El pene se le hizo chiquito. Los lentes que ya no traía puestos se le empañaron. Había una hiena en su estómago a punto de explotar en carcajadas y mordidas. Ese cúmulo de ansiedades hizo que naciera yo y recordara esta vieja canción:
//The Devil went down to Georgia. He was lookin' for a soul to steal.//
El chico se dio cuenta de que tenía razón. El amor no son Los amorosos. El amor es el diablo. Y el diablo siempre está buscando robarse tu alma. Dalila extendió su mano para invitarlo a jugar su papel, pero Mateo la negó; prefería algo mejor. La jaló a su lado, le susurró una canción al oído y la sacó a bailar, para sorpresa de todos.
<blockquote>Análisis de Frecuencia: Audio Interceptado
ESTADO DE LA TRANSMISIÓN: Sincopía rítmica detectada.
PISTA: The Devil Went Down to Georgia (Cover Versión: "El Narrador").
OBSERVACIÓN: Hay fuego en los pies, en las pantorrillas, en el sexo y en el corazón de los sujetos. El escenario comienza a cimbrar.</blockquote>
La canción abandonó la discreción de los labios para inundar el escenario. Se iluminaron las luces revelando a los músicos. Los otros actores y el público bailaron, rodearon a Mateo y Dalila, aplaudieron al ritmo que sus pies le sacaban el polvo a la pista.
¿Escuchas eso, bebé? Sí, ese soy yo. Ahí estoy yo, haciendo una apuesta, otra vez, con este violín en mis manos y la rola que ahuyentará al primero de los espíritus. Sudan los cuerpos, se levantan los brazos, se pierde la respiración. Los desconocidos se besan; la orgía no es ningún pecado, mi violín no perderá contra el diablo.
//Lookin’ for a soul to steal, for a soul to steal...//
Mateo miró a Dalila. Él quería seguir bailando. Ella le sonrió cándida, pero si pudieras ver cuánto temor había en sus ojos, bebé... si pudieras verlo. El amor se divide en dos puertas, dos pasos de baile, izquierda o derecha, la casa roja o la casa azul, el violín de oro o el de madera.
[[Decirle al violinista que se equivoca: el amor es un paraíso de múltiples caras->12]]
[[Aceptar que el amor se divide en dos puertas y encarar el destino del violinista->66]]
[[El amor no son puertas, es una ventana para deslumbrarse con el sol del otro->99]]
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(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
</div>
]}Quizás tienes razón, bebé. Ya lo dijeron: “El infierno son los otros”. No existe el diablo si debemos convivir con las obsesiones ajenas de nuestros padres, nuestros hermanos y nuestros amantes. La melodía que estoy tocando para ti no solo es un gozo, sino también una ventana por la cual puedes decidir si enamorarte de mí. Mateo y Dalila están bailando, sí, pero también están inmersos en los ojos del otro, metiendo la cabeza por debajo de un dintel que debería revelarles el alma ajena. Ojalá. Así sabrán si están dispuestos a arder mutuamente con las llamas del otro y consumirse en el sufrimiento eterno de la rutina, de la cotidianidad, de los objetivos nunca cumplidos. Pero seamos justos y sinceros. ¿Y qué tanto sabemos de ellos? No sabemos nada, para ser precisos, solo las letras de una canción que muestra una superficie. Quienes deben entregarse al delirio del uno o del otro son ellos.
La canción de Salomón nunca fue de amor, solo de puro deseo.
Si el amor es una ventana, aun cuando sea el mismo paisaje, imagínate el infinito número de colores y de tiempos que ocurren sobre esas montañas, o esos edificios, o la mala hierba de ese terreno abandonado, o la raza invencible e inventada de todos los perros callejeros que vagan allá afuera. El amor es un momento suspendido: encendemos el cigarrillo y movemos los ojos al horizonte, se ha detenido el mundo allá afuera y respiramos pausado, mientras sobrevivimos al encierro de nuestra casa, en nuestro cuerpo. Es la ventana porque allá afuera llueve, allá afuera es de noche y los depredadores están persiguiendo a las presas nerviosas para tragárselas.
¿Estás seguro que deseas tocar esa canción, bebé?
<blockquote>Análisis de Frecuencia:
ESTADO NARRATIVO: Metáfora de "La Ventana" activa.
SUJETO: Mateo / Dalila.
REGISTRO SENSORIAL: Frecuencias acústicas de cuerda (violín).
OBSERVACIÓN: El sistema detecta una discrepancia entre la superficie (la canción) y la profundidad (el alma). El amor se procesa como una variante infinita de un mismo paisaje estático.</blockquote>
Juega conmigo y dime, ¿qué canción deseas escuchar después de asomarte por la ventana?
[[El violinista toca la canción de dos imbéciles enamorados->53]]La fiesta perpetua es, en un principio, amable con los amorosos. Después de bailar un puñado de noches, salieron como dos locos empapados con el humo compartido de sus respiraciones.
<blockquote>INTERRUPCIÓN DEL NARRADOR
Cuando yo era humano, bebé, y no un semidiós que venció al diablo, recuerdo a mi querida Arlette. Encendíamos un cigarrillo y, tras la bocanada de humo, nos besábamos para compartirnos la muerte, la música y el destino tóxico de dos imbéciles enamorados.
¿Estás seguro de que esta es la canción que deseas escuchar? Perdona, pregunto no porque me interese tu opinión, sino para darle tiempo al requinto que viene... justo ahora.</blockquote>
Se toman las manos. Pasean por los rincones de la Mansión, recorriendo lugares cuya existencia todavía está oculta en los pliegues de este libro o que ya han sido revelados ante tus ojos:
* El Jardín de los Sabores y la Habitación de los Hambrientos.
* El Laberinto de Ladrillo Rojo y el Taller del Relojero.
* Las Cuevas del Dragón Freitag y la Oficina de Ceslim.
* La Ciudad de un Universo Verdadero.
* Las Fosas de Los Muertos y Los Desaparecidos Por Quien Sabe Quién en el Gobierno.
Compran helados. Ella le lee libros; él le enseña sus cómics. Él le presenta a su mejor amigo, Nico, y ella le presenta a su hermana gemela, que también se llama Dalila. Lloran por la muerte de su espejo, como hicieron Estefanía y Palinuro, pero ninguno cree que un espejo quebrado sea el final.
Pasaron los años. Años caóticos donde Mateo y Dalila se convirtieron en todo lo que el sistema demandaba de ellos:
REGISTRO DE IDENTIDADES ADQUIRIDAS:
* Mercenarios y dueños de una tiendita.
* Soporte técnico y Social Media Experts.
* Community Managers, RP People y Bikers.
* Hipsters, Millenials y Ninjas.
* Toreros, taxistas y Clowns para las ánimas de los niños muertos.
Todos en la fiesta perpetua supieron de su amor a través de cartas, libros, tuits y mensajes de Facebook. Se amaron en redes sociales nuevas y efímeras como Ello o en las abandonadas como MySpace o Hi5. Soñaron con el futuro: instagram y Tik Tok. Los vieron besarse en álbumes de Instagram que multiplicaban su afecto con cada actualización diaria.
¿Cuántos años pasaron, bebé? No sabría decirte. A Mateo ya le salieron sus primeras canas y los pechos de Dalila han caído apenas uno o dos centímetros. Tú dirás si quieres escuchar la última pieza de este concierto.
[[La canción de cierre es Mateo y Dalila, en el final de los tiempos, y puedes escucharla...->32]]//Los amorosos callan.//
Dalila hizo un gesto de silencio con sus labios y sus manos. Sus ojos iluminaron el mundo y Mateo comprendió el mensaje sin necesidad de palabras: "sé mi espejo". Él imitó cada uno de sus movimientos. En el escenario, otras parejas comenzaron a hacer lo mismo hasta que, entre acercamientos y huidas, todos se sincronizaron. El impulso de Eros les pertenecía por completo.
Mateo, tras deambular tanto tiempo entre la multitud, finalmente se encontró consigo mismo, pero lo hizo a través de la sonrisa de Dalila. Al bajar la mirada, admiró por primera vez el cuerpo de su amada.
<blockquote>ANÁLISIS DE INTERFAZ: CASIOPEA
ESTADO: Intercambio biológico detectado.
EVENTO: Los sujetos han intercambiado cuerpos, pero conservan la memoria original.
OBSERVACIÓN: "Los amorosos cambian". Mateo experimenta la conciencia desde el cuerpo de Dalila; ella lo abraza con la fuerza de los brazos de él.
REGISTRO PSICOLÓGICO: Confusión del recién nacido. Duración: < 1 segundo.</blockquote>
Mateo sintió ganas de llorar desde los ojos de Dalila, pero el amor de ella —ahora contenido en el cuerpo de Mateo— lo envolvió antes de soltar la primera lágrima. Se preguntó, sorprendido por su propia vulnerabilidad: “¿Cómo pude vivir antes de esto? ¿Y si esto acaba, cómo podré seguir viviendo?”
En ese instante, Mateo se olvidó de sí mismo. Los amorosos son los que olvidan. Renació en un parpadeo y bailó con los otros, con los amantes desnudos. Lloró con ellos, los abandonó y esperó su regreso en una confusión de carne bajo un baño de luces y sombras.
Desde la oscuridad, los espectadores comenzaron a aplaudir. Habían presenciado un truco de magia, una ilusión que se apoderó de la canción de Sabines y del escenario. Un acto de amor frenético que, en cualquier otro teatro del mundo, resultaría imposible.
[[En el escenario, los amantes tienen serpientes como brazos->93]]Los cuerpos transmutaron. Los brazos se tornaron en serpientes y los gorgones se atacaron los cuellos hinchados, dispuestos a envenenarse y sacarse sangre. La consciencia de Mateo estaba perdida en esta orgía quimérica donde gusanos y alacranes recorrían los cuerpos de los actores. En medio del caos, surge la duda: ¿es posible confiar en los ojos? Los amorosos, dice el narrador, son locos sin Dios ni diablo, aunque ambos observan desde la oscuridad el milagro de los cuerpos deshechos.
La criatura que era Mateo tomó de la cintura a la que fue Dalila y sus pieles se fundieron en una sola entidad. "No somos la máscara de un hombre", pensó la criatura, "sino la máscara de un concepto". Mientras tanto, un hombre solitario gritaba en la oscuridad preguntando si nadie entendía la metáfora, pero el Círculo de los Amorosos continuó su ritmo y repetición misteriosa, convirtiéndose en una esfera humana de sexos y sudores. Al final, queda el aprendizaje: el amor nos hace otros, es una locura de la que, con suerte, se sobrevive.
Nadie escuchó al hombre solitario, en especial el tumulto de brazos, de piernas y de sexos que se mezclaban como un rompecabezas, una esfera humana que obedecía a un ritmo y una repetición misteriosa, a una unión confusa de sexos, espirales orgánicos de jugos y de sudores. El Círculo de los Amorosos estaba a punto de completarse, de hacer la voluntad del amor hecha carne. Sólo aquel hombre solitario que quiso interrumpir el juego con su pregunta sintió lástima por ellos. Los otros espectadores, aún sumergidos en la oscuridad, estaban al borde de sus asientos y cada uno de ellos, a su modo, pensó en la pureza del amor gracias a la estatua retorcida que tenían en frente. Y Mateo era uno de ellos. Pero no hay amor sin regreso, diría un humanista.
Es cierto que el amor nos cambia, que nos hace otros, pero también sobrevivimos a él, regresamos de la locura con cierto aprendizaje.
[[Si percibes un olor a tierra recién nacida->22]]Mateo miró la pantalla de Casiopea e hizo la pregunta que marcaba su siguiente paso:
—¿Dónde puedo encontrar a Nico?
De pronto, la pantalla se fue a negro. El dispositivo se sintió inusualmente frío en las manos de Mateo, como si la energía se hubiera drenado de golpe. Al parecer, estaba reiniciándose. Tras unos segundos de incertidumbre, Casiopea volvió a la vida mostrando una fotografía difusa, apenas un cúmulo de píxeles que intentaban dar forma a un rostro.
<blockquote>Error de Procesamiento:
ESTADO DEL SISTEMA: Reinicio forzado por inconsistencia de datos.
MENSAJE: —Disculpa las molestias, Mateo, pero hay un error en mi sistema. Necesito saber algo:
¿Nico es mujer u hombre?</blockquote>
A Mateo le pareció increíble que Casiopea fallara en algo tan elemental, tan primitivo. Se quedó mirando la pantalla mientras, a su alrededor, la gente de la mansión seguía bailando, ajena al pequeño colapso tecnológico que sostenía entre sus dedos.
[[Mateo responde que Nico es mujer->8]]Mateo siempre lo supo: aunque Nico tuviera gestos y rasgos que a veces podían confundir, no había duda de que era mujer. Su nombre real era Nicolasa, como su abuela, pero desde niños todos le decían Nico.
Le dio la respuesta a Casiopea con un tono de molestia; para él, que la tecnología no hubiera identificado correctamente a su amiga se sentía como un insulto personal.
<blockquote>[ESTADO DEL SISTEMA CASIOPEA]
"Gracias. Reitero: disculpa la molestia. Mi sistema nunca había fallado así... es como si... No, olvídalo. Dejaré de molestar con esas pequeñeces. Por favor, espera un momento. Buscaré a Nico."</blockquote>
Mateo observó la pantalla. Casiopea desplegó un mapa detallado de la mansión, los jardines y los edificios aledaños. El sensor se acercaba y alejaba de puntos específicos, como si una lupa invisible rastreara el lugar bajo un microscopio.De pronto, un área del mapa se tiñó de rojo vibrante.
<blockquote>[OBJETIVO LOCALIZADO]
Sujeto: Nico.
Ubicación: Sector A3.</blockquote>
—Te daré instrucciones para llegar —anunció Casiopea—. ¿Quieres que mande un aviso a Nico para que te espere?
—Sí, dile que pronto estaré ahí —respondió Mateo—. Dirígeme.
Para seguir las instrucciones, Mateo tuvo que abandonar la marea de cuerpos que se movían en la pista de baile. Empujó, esquivó y se abrió paso hacia los bordes de la sala hasta salir por una de las puertas que daban a los jardines exteriores. El aire fresco de la noche lo recibió mientras Casiopea marcaba el camino hacia uno de los edificios aledaños a la mansión principal.
[[Avanzar 300 metros al norte hacia el Sector A3->85]]El bosque de la mansión hacia los edificios exteriores estaba más descuidado que el pequeño prado por donde entraron, o que el Jardín de los Sabores, el cual había pasado en su camino al sector A3. Los árboles se alzaban orgullosos e imponentes, silvestres, poco controlados, como estatuas dispuestas por un excéntrico y caprichoso millonario, sin disposición humana o intencional. Estaba anocheciendo. Quedaba como una media hora más de luz. Revisó el teléfono. Había caminado 200 metros. A cien metros, entre los árboles, podía ver la entrada al edificio (el sector A3).
Mateo se alegró de no haber salido de noche. Se imaginó que podrían haber lobos o algún otro tipo de depredador en los bosques de La fiesta perpetua. En el camino había escuchado gritos y risas, no muy lejos de su posición, al noroeste y al este. Primero, Mateo pensó que eran salvajes que se divertían demasiado y luego su imaginación echó a volar: asesinos, violadores, ladrones, malditos. Aunque Casiopea no le hizo ninguna advertencia, nadie le garantizaba su seguridad en los bosques. Tierra de nadie, pensó.
<blockquote>Rastreo de Proximidad:
UBICACIÓN ACTUAL: Perímetro boscoso - Transición Sector A3.
DISTANCIA RECORRIDA: 200 metros.
OBJETIVO: 100 metros restantes para entrada a zona edificada.
ESTADO AMBIENTAL: Ocaso inminente. Visibilidad reducida en 30 minutos.
NOTA: No se detectan firmas biológicas hostiles en el radio inmediato, aunque los niveles de audio ambiental sugieren actividad grupal no identificada.</blockquote>
Objetivo a la vista:
[[Avanzar los últimos 100 metros para entrar al edificio en el Sector A3->35]]Mateo se detuvo frente a la entrada. La puerta estaba cerrada por los mecanismos de una herradura electrónica. Se sentía dentro de una historia de ciencia ficción o una película de espías; una curiosa combinación de James Bond contra el Doctor Who.
Había un panel con un teclado, una cámara y una pantalla que arrojaba toda clase de datos. Las gráficas eran muy semejantes a las de su propia guía. La cerradura, con el número A3 impreso, parecía una versión masiva de Casiopea.
TERMINAL DE ACCESO A3
—Identifíquese si desea entrar —sentenció la pantalla.
Mateo puso la mano sobre el cristal.
—No sea cochino, le sudan las manos. Use a su guía —replicó la pantalla, mostrando un emoticón burlón: :P~~.
Mateo quitó la mano apresuradamente y acercó el dispositivo. Sospechó que no trataba con simples algoritmos, sino con algo que poseía alma.
—Tanto tiempo, A3 —dijo Casiopea.
—Mi querida H-13N22B05. De verdad que ha pasado el tiempo. ¿Cómo te llamas ahora?
—Casiopea.
—Nada mal. Dame los datos de tu avatar y los dejaré pasar.
Casiopea vibró en su mano:
—Mateo, sé bondadoso y colócame en el borde. Yo me encargaré del resto.
Mateo obedeció, fascinado por el intercambio de sonidos entre los dos dispositivos. Notó que, a unos pasos a la derecha, había unas escaleras que llevaban a una puerta con una cerradura más sencilla, vulgar, quizás para el servicio o emergencias.
Se hacía tarde. La luz natural se extinguía y las lámparas frontales del edificio se encendieron. A sus espaldas, a unos trescientos metros, uno de los Salvajes empezó a reír. Era un eco que provocaba escalofríos.
De pronto, la puerta del edificio A3 cedió con un chasquido electrónico.
<blockquote>MENSAJE ENTRANTE: CASIOPEA
—Podemos irnos, Mateo. Has recibido un mensaje de Nico: “Te espero”.</blockquote>
Mateo guardó a Casiopea en el bolsillo y dio el primer paso hacia la oscuridad del sector.
Acceso concedido:
[[Entrar al sector A3 por la puerta principal->64]]Cuando atravesó la puerta principal, Mateo supo que no estaba preparado para los trucos, los designios o las trampas que aguardaban en el Sector A3. Nadie le había advertido que las cosas serían así de terribles... o así de maravillosas.
Se palpó el pecho; sentía cómo la taquicardia consumía su equilibrio y empañaba su visión. Sin embargo, no pudo evitar sonreír. Nunca imaginó que, en todos sus años de vida, encontraría un lugar semejante. La fiesta perpetua era una acumulación de sorpresas; una larga escalera que, de continuar así, terminaría revelando el enigma más grande del mundo.
<blockquote>Monitoreo de Signos Vitales:
ESTADO DEL USUARIO: Taquicardia severa detectada.
NIVEL DE ESTRÉS: Elevado /euforia detectada.
OBSERVACIÓN: El sujeto muestra una respuesta ambivalente ante el estímulo del Sector A3.
PROYECCIÓN: Búsqueda activa del "descanso definitivo".</blockquote>
¿Qué pasa después de un largo viaje? ¿Cuál es la verdad de lo que ocurre al cerrar los ojos y entregarnos al descanso definitivo? Mateo estaba a punto de descubrirlo.
[[El Sector A3 es una enorme biblioteca de libros prohibidos->97]]Nico apareció entre unos anaqueles y salió para recibir a Mateo, quien todavía necesitaba reponerse de la extensión de la biblioteca: anaqueles que parecían perderse en la oscuridad de los techos y escaleras altísimas, dispuestas a aceptar el desafío. Olía a papel, pero al papel original, al de los viejos, ese que estaba barnizado con grasa animal y tratado con verdadero cuidado, verdadero respeto. Mateo deslizó su mirada por los anaqueles y no veía un solo libro que no estuviera forrado con cuero o con pasta dura de algún material igual de resistente. Eran libros hechos para durar toda una vida y, paradójicamente, su origen orgánico los hacía más propensos a morirse, deshacerse en polvo o ser comidos por una multitud de bichos.
—Aquí los libros tienen prohibido morirse —dijo Nico, intuyendo las dudas de Mateo.
—¿Cómo?
Nico señaló una placa que había en uno de los muros. La placa decía: “En esta tierra, lo único cierto es la inmortalidad de estos libros”.
Mateo miró la placa y luego miró largamente a Nico; parecían años desde la última vez que la vio, como si hubiera navegado muchas páginas para volverla a ver. No sabía por qué tenía esa impresión. Quizás era culpa de los libros.
—Debo preguntar —dijo Mateo, avanzó unos pasos y Nico caminó tras él—, ¿esta biblioteca es infinita, como la de Borges?
—No lo sé. Ojalá no. Intuyo que nuestro destino es otro. No es nuestro camino convertirnos en eruditos.
—Supongo que no.
<blockquote>Análisis de Datos:
UBICACIÓN: Gran Biblioteca Central.
ANOMALÍA ESPACIAL: Se detecta una distorsión óptica de multiplicación. La distancia recorrida no coincide con la percepción visual de la salida.
ESTADO DE LOS ARCHIVOS: Orgánicos, tratados con agentes de preservación eterna.
ADVERTENCIA: El entorno sugiere una "trampa para tontos"; la multiplicación de anaqueles podría ser una proyección mental del observador.
NOTA DEL SISTEMA: El báculo de la historia se inclina ante el peso de los tomos.</blockquote>
La biblioteca era mucho más sencilla que la borgiana. Solo eran anaqueles dispuestos uno detrás de otro; sin embargo, entre más caminaban Nico y Mateo, más anaqueles parecían descubrirse al frente de ellos. Y si volteaban hacia atrás, parecía que no se habían alejado mucho de la entrada. Eran parte de una ilusión óptica, pero una benévola, una que los dejaría escapar pronto. Mateo se detuvo en uno de los anaqueles y entró, junto con Nico, a hojear los libros. Tenía el presentimiento de que uno de los anaqueles, en realidad, era todos los anaqueles y que la ilusión de la multiplicación era una trampa para los tontos.
Ya que estuvo frente a los libros, miró a Nico y se los señaló. Ella se encogió de hombros. ¿Cómo podía escoger qué libro leer? ¿O qué hacer a partir de ahora? ¿Dónde se suponía que debía empezar?
[[Tomar el libro rojo "El perseguidor" de Boris Santiel->41]]
[[Conocer el significado de la vida->42]]
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[ [[¿Lo siguen esperando?->25]] ]
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[ [[Recoges un libro de instrucciones->54]] ]
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]}
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[ [[Escuchas una pregunta vital->63]] ]
</div>
]}No sabes cómo llegaste ahí. Estabas tan ocupado intentando no perderle de vista que ignoraste el color de las calles, el ancho de las avenidas y la altura de los letreros. No hubiera servido de nada; de cualquier modo, esta ciudad te es ajena.
<blockquote>[ANÁLISIS DE ENTORNO: DESCONOCIDO
PREGUNTA DE SISTEMA: ¿Cómo diablos llegaste aquí?
ESTADO: Persecución en curso. Objetivo perdido en callejones o bares.
CLIMA: Precipitación detectada. Visibilidad reducida al 40%.</blockquote>
Sientes las primeras gotas en tu rostro. Genial. Lo que te faltaba. Lluvia en una ciudad desconocida mientras persigues a... ¿a quién? ¿Por qué no podías quedarte en casa una maldita vez? Pero no. Te gusta jugar a los policías, te gusta el manto de detective y el pútrido olor de un misterio sobre las narices hasta su solución definitiva.
Espera. ¿A quién persigues? ¿Qué es el misterio? No hay tiempo para digresiones. Unas luces rompen la penumbra. Un auto pita; viene a gran velocidad sobre la calle donde estás parado.
TIENES QUE HACER ALGO O VAS A MORIR.
[[Saltar a la calle de enfrente para evitar el impacto ->6]]
[[¿Auto? No, es un PEZ CON PIERNAS corriendo a toda velocidad ->90]]
[[Detener el vehículo con tu FUERZA SOBREHUMANA ->72]]Suena el claxon, estridentemente, tan parecido al anuncio de que el diablo por fin viene por tu alma. Miras los ojos del conductor: es un hombre común y corriente, quien seguramente iba camino a casa para abrazar a su mujer, a su hija y a sus dos perros.
Segundos antes de que el auto te golpee, alzas el brazo y extiendes la mano como un muro, un desafío contra la gravedad y las leyes universales. Alcanzas a notar a uno o dos testigos y los dos tienen la misma cara: fascinación por el horror inevitable, el accidente a punto de romper con la añorada paz de una rutina.
Sin embargo, para ti no es una sorpresa: el auto se comprime como una lata de coca cola bajo los pies de un niño. Se hace añicos. Y como era de esperarse, el impacto afecta radicalmente la vida del conductor, quien...
<blockquote>Análisis de Colisión:
EVENTO: Impacto vehicular anulado.
ANOMALÍA: El sujeto Mateo ha manifestado una resistencia física de Clase A, ignorando la inercia y la masa del objeto entrante.
REGISTRO VISUAL: Compresión estructural completa del vehículo en el eje de contacto.
ESTADO DEL CONDUCTOR: Trayectoria balística iniciada.</blockquote>
[[El conductor sale disparado por no llevar el cinturón de seguridad->2]]A esa velocidad, y por culpa de tu fuerza descomunal, el hombre inicia su vuelo contra el parabrisas.
Puedes verlo todo en cámara lenta: los cristales rompiéndose como diamantes y el cuerpo saliendo disparado, con los brazos pegados al torso y la cabeza torcida. Parece un clavadista rompiendo el agua en una repetición olímpica o una bala penetrando el corazón de una carta.
En su rostro aprecias una mezcla terrible: el horror puro conviviendo con la paz de quien acepta lo inexorable. En apenas nanosegundos, ese hombre parece envejecer y comprender verdades que normalmente requieren décadas de fermentación.
<blockquote>ERROR CRÍTICO DEL SISTEMA:
Causa: Falta de decisión.
Efecto: Destino interrumpido.
Estado: El tiempo apremia.</blockquote>
Casi no puedes creer que tengas tiempo para analizar esto. Hace un segundo el tiempo era tu aliado; ahora, tu indecisión ha provocado un accidente irreparable. Aprietas los dientes y te frotas las manos. No hay más margen de error. Si no actúas ahora, el peso de este momento no te abandonará nunca.
Tu voluntad es la clave:
[[Utilizar tu súpervelocidad para salvar al hombre->5]]
[[Utilizar tu súperpoder para retroceder en el tiempo->41]] No puedes ser el campeón de la gente si permites que un hombre muera, especialmente cuando su destino está en tus manos.
Tomas la decisión en una fracción de segundo: de un salto, rodeas al hombre con tu cuerpo. Lo sujetas con firmeza y suavidad, acompañando su trayectoria para amortiguar el impacto contra el pavimento.
El mundo exterior sigue moviéndose en cámara lenta, pero esa pequeña distracción es suficiente.
EL CIELO SE TIÑE DE MORADO
Mientras proteges al civil, miras de reojo hacia arriba. Los aviones morados cruzan el firmamento, abriendo sus compuertas para liberar una lluvia de bombas.
* ''La paradoja del héroe:'' hubieras tenido tiempo de detener la masacre si hubieras dejado morir a este hombre.
* ''La moralidad:'' si hubieras jugado a ser un dios calculador, no tendrías ahora el derecho de salvar a nadie. Serías un villano más.
Las bombas están suspendidas en el aire, justo sobre ti. Cierras los ojos con fuerza. Abrazas al conductor; él llora y grita, pero tú ya no escuchas nada más que el latido de un corazón que lograste mantener con vida.
Al menos, salvaste a uno.
El estruendo de la realidad es demasiado fuerte para sostener la ficción.
[[Cerrar el libro ante el ruido violento...->14]] Te escapaste por un pelito. El conductor abre la ventana para gritar una grosería que se pierde a 70 kilómetros por hora. Tienes empapados los pantalones, la gabardina y el rostro. Escupes. Maldita suerte. Sacas un cigarrillo y gastas seis cerillos en tratar de encenderlo. El placer de la nicotina no dura mucho, la lluvia es fuerte. Frente a ti, distingues dos entradas y un callejón. La persona que buscas puede estar en uno de esos tres. Si tan sólo recordaras cual. Tiras el cigarrillo mojado y lo aplastas con el pie. Frente a ti, una señora de vestido sastre corre junto con su perro chihuahua para tratar de escapar de la lluvia. Te daría gracia si tu misión no fuera tan urgente. Miras los lugares: el restaurante de Jack, la librería de Orson y el callejón.
[[Busca a tu presa en la librería de Orson->92]]Entras a la librería de Orson. La luz es débil. Huele a pegamento barato y humedad. Los libros de aquí no tardarán en morirse. Atrás del mostrador, un viejo de gafas grandes y redondas apenas puede mantenerse despierto. Entreabre los ojos para mirarte pero se rinde, te ignora. Debe saber, en su interior, que no eres un comprador de libros.
Frente a ti, a unos pasos, ante una columna de libros, hay un chico y una chica. La chica tiene un rostro andrógino, el pecho de un chico pero las nalgas y las piernas de una porrista. Ella sonríe con ese tipo de gesto difícil de interpretar. El chico es igual al de la fotografía. Son ellos. Qué fácil es cumplir tu misión. Respiras profundo, buscas debajo de tu abrigo, aprovecha el sopor del viejo y la distracción de los muchachos. Si lo haces, debe ser ahora.
[[Matar al chico llamado Mateo->19]]Es cierto: es un pez con piernas corriendo a toda velocidad y está a punto de arrollarte. Perdóname pero... ¿Cómo no pude darme cuenta antes? ¿Cómo es posible que lo haya confundido con un auto? Quizás por las propiedades curvilíneas y aerodinámicas de ambos cuerpos: autos, peces; tienen mucho en común. El pez no choca contigo, te rodea y sigue su camino, navega igual de bien en la tierra como en el agua. Somos de poca importancia para la vida submarina, quién diría.
Pero... ¿Por qué nadie se ha fijado en el monstruo? Miras a tu alrededor: las calles están más vacías que de costumbre, no hay gente asomada por las ventanas, el ruido de los autos y del tráfico se ha desvanecido. ¿Acaso entraste a un sueño? ¿Brincaste una realidad y ahora te encuentras en el corazón de una pintura surrealista? Te frotas la cara con las manos. Quizás lo único que necesitas es una buena taza de café para despertar. ¿O seré yo quién la necesita? ¿Y si soy yo el del problema? ¿Será mi culpa qué ni siquiera sepa dónde estamos, qué estamos haciendo aquí y a quién estamos buscando?
¿Quién soy? No puedo hacer estas preguntas. Necesito continuar con mis obligaciones: debo contar esta historia. Ahora, si mal no recuerdo, estábamos buscando a alguien. ¿No? Teníamos un caso, un misterio que resolver. Enfoquémonos en eso.
<blockquote>Interferencia Narrativa:
ANOMALÍA DETECTADA: Error de renderizado en el plano físico (Híbrido Ictioide-Terrestre).
ESTADO DEL SISTEMA: El motor narrativo experimenta dudas existenciales.
REGISTRO AMBIENTAL: Nivel de ruido urbano: 0dB. Vacío demográfico confirmado.
ALERTA: Se detecta una ruptura en la consistencia de la realidad base.</blockquote>
[[Preguntarle a la ouija si esto es un truco->79]]
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(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
</div>
]}La flecha se mueve usando la energía de los espíritus, energía que hace conexión con la punta de tus dedos y manda impulsos eléctricos y escalofriantes. No, dice la ouija, esto no es un truco. Pero, dice la ouija despacio, letra por letra, comprendo que hagas esa pregunta porque en el fragmento anterior tu narrador tuvo dudas. El narrador debe ser una fuerza poderosa y decisiva; un espíritu que tome las riendas de la historia y no perdone ningún destino.
Los peces con piernas y las ouijas son otra cosa, son la imaginación de un lector distraído, por ejemplo, alguien que vive de convertir todas las cuestiones de la vida, por más banales que sean, en un misterio. Te sorprendes que todo eso quepa en la ouija, y que lo hayas asimilado en tan solo unos segundos. La punta de los dedos te arde por la conexión con los espíritus, sientes una respiración en tu nuca —a veces fría, a veces cálida— y millares de ojos espectrales miran lo que estás haciendo. Qué piensas hacer ahora que has despertado la ira de los muertos, héroe.
<blockquote>Interferencia Metafísica:
ORIGEN DEL IMPULSO: Energía no biológica detectada en terminales dactilares.
ESTADO: Conexión establecida con la interfaz de madera y espíritus.
ADVERTENCIA: Presencia masiva de observadores espectrales confirmada. El sistema detecta una brecha en la autoridad del narrador.
NOTIFICACIÓN: Entrada de llamada prioritaria detectada.</blockquote>
[[Contestar el teléfono->69]]<blockquote>AVISO DE SISTEMA: TRANSMISIÓN ENTRANTE
ORIGEN: Desconocido / Encriptación 256 bits.
ESTADO: Audio log fragmentado.</blockquote>
Yo no fui, yo no lo hice. ¿Se lo dirás a alguien, por favor? Sólo díselo a alguien. No dejes que me vaya así. No dejes que se pierda mi inocencia. Ya mucho haces con escucharme, pero la salvación de mi alma depende de que se lo comuniques a alguien.
Si no lo haces, estaremos perdidos. ¿Escuchas? Ya vienen por mí. Tiene rato que me persiguen. ¿No los oyes? Ahí vienen, vienen todas esas manos, esas patas y esos ojos a devorarme, a convertirme en un espiral de carne.
Ya me agarraron, hijo, ya me agarraron. Perdóname por favor, pero díselo a alguien. No quieres ver esto. No quieres ver esto. Perdóname por favor. Díselo a alguien. Espiral de carne. Yo no fui. Yo no lo hice. No quieres ver esto. Perdóname por favor. Díselo a alguien.
Todas esas manos. Todas esas patas. Todos esos ojos. En un espiral de carne. Así arden los graciosos en el infierno.
[[A los graciosos les sobra salud->28]]Estoy seguro de que había un narrador por aquí. Lo sé porque yo lo conocí: era un buen tipo (o tipa, no sé), pero era de esas personas que bien pueden ser tus compadres.
Hablo del sentido estereotípico: de esos que beben contigo, te ayudan a conquistar a la morra, le esconden la infidelidad a tu pareja y tiran los dados de la noche para ver a dónde se van. De esos que, tras la pedota, despiertas y los ves tirados junto a ti, con el lipstick pintándoles toda la cara y el sexo flácido porque quién sabe qué pasó anoche.
Pero bueno, hablábamos del narrador.
Aquí estaba hace unos momentos, estoy seguro. Puedo decir de buena fe que se preparó toda la noche para contar una historia, pero luego algo pasó. Ahora tenemos un montón de páginas entretenidas, sin una conexión aparente, que nos llevan de imagen en imagen hacia algún lado:
* Como una espiral de carne.
* Un pez con piernas.
* El perseguidor de un criminal.
* Un muchacho que entra a una fiesta imposible.
<blockquote>ANÁLISIS DE INTEGRIDAD NARRATIVA:
ESTADO: Narrador no localizado.
ADVERTENCIA: La secuencia lógica se ha fragmentado en múltiples hilos de ejecución.
OBSERVACIÓN: Se detecta una anomalía en la frecuencia del fragmento 26 relacionada con un vigilante de Ciudad Gótica.</blockquote>
Quizás el narrador no se fue, simplemente se disolvió en la mezcla. Pero alguien tiene que saber hacia dónde va este desastre.
[[Adam West disfrazado de Batman sabe lo que está pasando->26]]¿Cómo crees que un flacucho disfrazado de Batman, que trepa muros y siempre se topa con algún famoso, va a saber lo que está pasando? No seas así. Mejor pregúntale a tu narrador de confianza.
Aquí estoy. ¿A poco creíste que me había ido? Nombre, aquí estoy siempre, a la vuelta de la esquina, a tus órdenes. Está bien, lo admito: a veces mis berrinches rompen las cosas. Desde el inicio del libro me pregunté tanto que ya no sabía para dónde irme, y sigo sin tener idea de por qué no tengo el control total de esto, si se supone que yo mando.
¿Te acuerdas de Adam West? Qué difícil para él poner cara de verdadero detective mientras deconstruía las tramas del Guasón o del Pingüino. Qué difícil. Hoy nos es más fácil con películas multimillonarias y efectos especiales que nos ayudan a esa "suspensión de la desconfianza" (suspension of disbelief).
Pero algunos tontos, yo me incluyo, vivimos con ganas de entender siempre lo que está pasando. Queremos que alguien nos explique, que nos den una pista satisfactoria para dormir tranquilos. Santas argucias, Batman. Nomás abren una puerta y este loco se libera.
Pero la verdad es que no hay pista que alcance cuando la lógica del mundo se dobla. Mateo está a punto de descubrirlo.
[[Mateo cierra el libro y entiende lo que está pasando->82]]El lector está ocupado con uno de sus delirios carnales. Este delirio puede ser Brad Pitt, Mónica Bellucci, Silvia Pinal o Nicola di Bari. No nos vayamos tan lejos: quizás es la vecina de la casa de al lado, el mecánico de confianza, un abogado guapo que alguna vez le ayudó a cambiar una llanta o su contadora. Está pensando en irse de copas con esa persona o, mejor aún, en vez de pensar, en su imaginación ya lo hizo: por fin le invitó a salir y ahora se están divirtiendo, mientras el compadre hace todo lo posible para rejuntarlos esa noche.
Esto último no es necesario porque el lector, sabio, sabe que no necesita de artimañas para que, en su imaginación, todas sus fantasías se cumplan y las bocas quepan en los sexos, las manos en los huecos, las pieles en las lenguas, los ombligos en los ombligos, y así indefinidamente con todas las partes del cuerpo, incluso las que poco se nombran en las cuestiones amorosas como la mollera, los nudillos, los omóplatos, el hígado o los callos. No piense, de ningún modo, querido lector, que esto es una distracción.
<blockquote>Escaneo de Procesos Externos:
ANOMALÍA DETECTADA: Desvío de atención del usuario principal.
ESTADO: Fase de ideación carnal detectada en el entorno tridimensional.
OBSERVACIÓN: El lector está proyectando una simulación afectiva paralela a la ejecución de este fragmento.
ADVERTENCIA: La realidad del "papel" está perdiendo prioridad frente al deseo del observador.</blockquote>
[[Mateo entiende lo que está pasando y cierra el libro->43]]<blockquote>ACCESO RESTRINGIDO: INTERCEPTANDO DATOS...
FECHA: 21 de Noviembre 20XX
ORIGEN: Registro Personal de Filo (Supervisora de Matadero).
Mateo, el carnicero 2048, es un sujeto valioso pero le falta estómago. Cuando descubrió la verdad de lo que estábamos matando, perdió las fuerzas y el propósito.
No es la primera vez que nos pasa; muchos carniceros se descubren como unos pusilánimes, unos cobardes sin remedio. Por eso empezamos el ejercicio de la matanza vendando a nuestros prospectos. Solo de ese modo sabemos, antes de que su cabeza los traicione, si tienen el instinto para matar. De mí depende si quiero seguir descubriendo al asesino.
En el caso de Mateo, hemos encontrado a alguien con un talento natural para la Habitación de los Hambrientos. Aunque al quitarle la venda dejó de tener estómago, vale la pena seguir intentándolo unos días más.
Si no entiende razones, lo desecharemos como a los otros. He decidido darle a Mateo unos días de descanso. No matará, pero debe estudiar el libro de Antonio Lumbalgia bajo mi supervisión, así como los videos de seguridad donde aparece ejecutando a las criaturas.
También se le educará en la preparación de los cortes. El carnicero 2048 debe aprender a separar correctamente las tenazas de las escamas. Eso le enseñará a familiarizarse con las criaturas y, quizás, le recuerde el placer de matarlas para el consumo nuestro y de nuestros clientes, que tanto ansían la carne.
Creo que tres días bastarán para notar algún progreso. Eso espero, o perderé a alguien con el potencial de ser uno de mis mejores carniceros.</blockquote>
[[Mateo decide que no será un asesino de criaturas, pero está dispuesto a asesinar->17]]Había llegado el momento. No podía quedarse más tiempo o se desharían de él.
Notó cómo día con día Filomena se desesperaba más al dar instrucciones sobre cómo cortar la carne, triturar los huesos o retirar las escamas. Pero Mateo no tenía estómago para romper a las quimeras que se le presentaban enfrente; mucho menos lo tendría para matarlas otra vez.
Sí, se había visto en los videos y descubrió que tenía una habilidad natural para el oficio, pero eso era porque tenía una venda en los ojos. Verlas lo hacía distinto. Filomena le mostraba grabaciones de otros carniceros entrando a los pasillos con la confianza de un torero o un asesino, dispuestos a entregar la vida en cada paso. Mateo no era así. No desde que le quitaron la venda.
Salió silenciosamente de su habitación. Calculaba que eran las dos o tres de la mañana. Todos debían estar dormidos, excepto algunos clientes o carniceros solitarios que no repararían en él. Caminó de puntillas por los pasillos blancos. El eco de unas gotas de agua rompía el vacío; algún asistente —el "pinche"— no había cerrado bien las llaves.
Llegó a los casilleros donde Filomena guardaba a su guía.
<blockquote>ESTADO DE PERMANENCIA:
"Según los registros de la Habitación de los Hambrientos, al usuario le restan: 2 AÑOS DE SERVICIO.
Advertencia: El abandono del puesto sin autorización anula el contrato de la Fiesta Perpetua."</blockquote>
Mateo no podía seguir. No así. No solo debía abandonar este lugar, sino la Fiesta en general. Quería regresar a casa. ¿Y Nico? Quizás ella estaba en una situación peor, pero primero tenía que escapar vivo.
Acarició el mango del cuchillo bajo su camisa, su única arma. Si Filomena lo veía, dudaba que lo dejara ir. La duda lo asaltó frente al casillero: ¿debía llevarse el dispositivo para asegurarse de que no todo fue un sueño o dejarlo todo atrás, tal como llegó?
[[Llevarte a Casiopea y asegurar tu guía->7]]Abrió el casillero con cuidado de no hacer ruido. Metió sus manos para sacar a Casiopea, pero tan pronto la desconectó, el mundo cambió: las luces se tiñeron de un rojo intenso y las alarmas comenzaron a rugir por los pasillos.
Debió suponerlo.
Casiopea y Filomena se lo habían advertido; había demasiadas señales que le decían que no debía entrar en este maldito lugar. Mateo sacó el cuchillo y miró a sus espaldas: unos barrotes impedían ahora el acceso a la puerta de salida por donde los clientes comían.
—Soy un imbécil —se dijo—. Estuve tan cerca....
Escuchó los pasos pesados de Filomena. Mateo levantó el cuchillo y, con la otra mano, sujetó el dispositivo. Tocó la pantalla para buscar la cámara; pensaba grabar los momentos previos a su muerte, como si el aparato fuera a revelar al mundo lo que pasaba allí adentro. Se sonrió, iluso hasta el final.
Filomena se detuvo a unos pasos, escoltada por dos carniceros rudos, auténticos gorilas. Alguien apagó las alarmas, pero el pasillo conservó ese tono rojo que alimentaba la furia.
—Mateo —dijo Filomena, alzando las manos para tranquilizarlo—. No quiero hacerte daño. No me sirves muerto.
—Entonces déjame ir. Quiero regresar a mi casa.
—Me temo que eso no es posible. Nos eres muy valioso. Tienes un instinto asesino natural.
Mateo sopesó la idea. Por un instante recordó a las criaturas: el olor de las escamas, el líquido como savia de árbol que lastimaba el olfato y el tronido de las antenas al ser cercenadas. No podía quedarse. Apretó el mango del cuchillo con fuerza.
—No seas menso —insistió ella—. No podrás con tres de nosotros. Suelta el cuchillo y te mandaré a un lugar donde puedas descansar y seguir siendo útil. Te prometo que luego volverás a disfrutar de la fiesta.
Mateo se limpió el sudor y miró la pantalla. La cámara frontal estaba activada. Vio su propio reflejo, sus ojos teñidos de rojo por la luz del pasillo.
[[Un salto de fe para el carnicero 2048->52]]
# (text-style:"sway")[ [(align:"=><=")[La fiesta perpetua]]]
## (Las múltiples vidas de Mateo)
Esta obra narrativa e interactiva es el resultado de una exploración sobre la identidad, el azar y las ramificaciones del destino.
Quiero expresar mi más profundo agradecimiento al Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (FONCA) por el estímulo otorgado a través del programa Jóvenes Creadores en la generación 2014.
Gracias a ese apoyo, este proyecto pudo ser concebido, escrito y estructurado como una experiencia donde el lector deja de ser un elemento pasivo para convertirse en el motor de la historia.
Diez años después, este archivo digital preserva aquel experimento literario, permitiendo que las voces de Mateo sigan resonando en la red.
Agradezco a mi tutora: Ana García Bergúa quien me dijo: "eso de 'ah-yo-soy-el-narrador está medio chafita" y me preguntó cómo se hace "una patada sucinta". Quiero pedir perdón. Corregí algunas cosas, pero otras no, para conservar el espíritu de aquel Mateo medio tonto.
Quiero agradecer, por supuesto, a mis compañeros en esta aventura: Claudia Cabrera Espinosa, Julio Romano, Adolfo Córdova, Eduardo Sangarcía y, por último, a Eric Uribares, a quien vimos algunos días por ahí.
[[Comenzar la experiencia->1]]
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<div style="opacity: 0.5; font-family: monospace;">
(text-style: "shudder")[ [[O bien, toma un respiro...->21]] ]
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]}{
(set: $dado to (random: 2, 12))
}Tiras los dados.
El resultado es: **$dado**.
(if: $dado <= 8)[
[[El placer de comer lo desconocido->60]]
]
(else:)[
[[El placer definitivo de comer lo desconocido->15]]
]Mateo recordaba a su último “Otro”, como sus colegas los llamaban. Era un zángano duro, fuerte y hábil. Las ventosas en su rostro se deformaban en un par de sonrisas desagradables y retadoras. Con el cuchillo de carnicero en alto, Mateo esperó el avance, pero la criatura no tenía prisa por morir.
Se estudiaron. Cuando Mateo dio el primer paso, la criatura saltó sobre él con la paciencia de un depredador que aguarda el error de su presa. Mateo sintió el impacto seco de cuatro puños en el estómago. Luchaba por recuperar el aire mientras la criatura lo estampaba contra los muros.
<blockquote>Registro de Combate:
ESTADO DEL USUARIO: DAÑO INTERNO DETECTADO
TRAUMA: Posible fractura de costillas. Hemorragia interna acumulándose en el vientre.
ANOMALÍA NARRATIVA: Recepción de señal acústica no identificada.
OBSERVACIÓN: El sujeto reporta una "voz grave y lenta" taladrando el cerebro. Los registros previos solo indicaban gritos y gemidos.</blockquote>
La suerte se apiadó de Mateo. En una pausa de su adversario, logró hundir el cuchillo en el redondo estómago del animal. Ah, animal, pensó, recriminándose la mala costumbre de llamarlos así. Se limpió el sudor y la sangre. Antes de que la criatura cayera, se abalanzó para herir los puntos indicados. El "Otro" se debilitó paulatinamente.
Tras un último puñetazo cargado con la debilidad de un ruego, el Otro se sumió en la inconsciencia. Mientras terminaba el trabajo, Mateo se preguntó cuántos datos estaría recabando Casiopea y si alguien, detrás de las cortinas, lo estaba estudiando como a un espécimen en una placa de Petri.
—¿Cuánta sangre habré perdido? —murmuró tras el último golpe.
Filo lo recibió del otro lado. Le entregó a Casiopea y él la recibió con las manos empapadas en sangre. "Ya puedes irte", le dijo ella con una voz que sonaba lejana, casi eclipsada por lo que el "animal" intentaba decirle en su cabeza.
Mateo no podía irse. No así. Aquellas criaturas hablaban. Pensaban, imaginaban y rogaban. Si podían hacer todo eso, seguramente temían a la muerte tanto como él.
Nico y Dalila parecían ahora una ilusión irreal que pronto olvidaría por su propio bien. ¿Pero por el bien de quién? Ignorando la mirada enigmática de Filo, Mateo se retiró el delantal manchado. Decidió quedarse allí, trabajando en silencio, igual que los mudos, igual que los grises que atienden tras el mostrador. Tal vez en ese silencio podría sanar su alma rota.
[[Vivir otra vida de Mateo->1]]
{(set: _matadero to (random: 1, 20))
(if: _matadero is 1)[
[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}Mateo recordaba a su último “Otro”. Era un zángano duro, fuerte y hábil. Las ventosas en su rostro parecían deformarse en un par de sonrisas desagradables, retadoras.
Con el cuchillo de carnicero en la mano, Mateo esperó el ataque, pero la criatura no tenía prisa por morir. Se estudiaron hasta que Mateo avanzó. Entonces, el animal saltó. Mateo sintió los golpes de cuatro puños en el estómago.
—La Habitación de los Hambrientos sabe cuándo retirarnos —recordó que le habían dicho mientras luchaba por recuperar el aire.
La criatura lo tomó de los brazos y lo empujó contra los muros. Entonces, lo escuchó: una voz grave y lenta taladraba su cerebro. En todo este tiempo, ninguno lo había golpeado y, mucho menos, hablado.
[COMUNICACIÓN TELEPÁTICA DETECTADA]]
—Golpéame —dijo la criatura.
Mateo obedeció.
—Sométeme.
Mateo empuñó su cuchillo, rozando el cuello del Otro. La criatura le escupió en la cara y el tiempo se paralizó. En ese vacío temporal, Mateo pudo escuchar sus pensamientos con una claridad aterradora.
—Por fin. Alguien nos escucha —dijo la voz, aliviada y socarrona—. Alguien sabrá de nosotros.
—¿Qué o quién eres? ¿Qué me has hecho?
—Sólo nos he dado un poco de tiempo. Si quieres entender algo, necesitas comerme. Tú. Ahora. Tienes que abrirme la cabeza y comerme.
Mateo sintió el rechazo, el miedo a enfermar. Pero la criatura insistió:
—Ya estás enfermo. Todos lo estamos. No soy un animal. Tú y yo somos criaturas de papel. Tienes que hacerlo si quieres entender algo.
La parálisis terminó. Mateo, controlado por una fuerza que no sabía si era suya o de la criatura, llevó el cuchillo al cráneo del Otro. Ignoraba las alarmas y los gritos de Filo detrás de la puerta. Los pasillos se enrojecieron; la perspectiva se volvía líquida.
Sintió el escupitajo escurriéndose por sus poros. Olía a pachulí, como la fragancia de Emma cuando esperaba a Rodolphe.
La criatura exhaló un suspiro de alivio cuando el cuchillo rompió su hueso. Mateo soltó el arma y metió un puño. El cerebro morado se veía, para su sorpresa, apetitoso. Comió.
Abrieron la puerta justo cuando dio la primera mordida. Filo lo tomó en brazos, pero Mateo ya estaba en otro lugar. Estaba comprendiendo la verdad:
<blockquote>
[REVELACIÓN DEL SISTEMA]]
"Somos criaturas de papel, sacos de huesos esperando a ser llenados de carne y vísceras. Somos una sola vida de un caudal infinito de posibilidades."</blockquote>
Pasa la hoja, quiso decirle Mateo a Filo, pero no podía hablar. El cerebro le llenaba la boca y seguía abriendo puertas, pasando las páginas del libro al que pertenecía. Un libro donde su vida nunca tendría un final feliz, y donde la fiesta perpetua podía serlo todo, excepto la salvación de su alma.
Has llegado al final de esta vida.
[[Regresar al inicio para vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}{
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}Usted lanza los dados y el resultado es: **$dado**.
(if: $dado <= 11)[
[[Rezarle a un dios->91]]
]
(else:)[
[[Pelear contra un dios->18]]
]Después de vencer a Colette, a diez personas y a un luchador semiprofesional llamado el Gerente, Mateo creía, honestamente, que vencer a un dios sobrepasaría los límites de su suerte.
Así que cuando la deidad de la Habitación de los Hambrientos —una presencia de doscientos rostros, mil extremidades, dieciséis lenguas y tres ojos— expresó sus ansias de un sacrificio con un rugido estremecedor, Mateo levantó los brazos. Preso de un candor religioso, rezó once veces una combinación de un Padre Nuestro, un Ave María, los dieciséis chakras de Raramurih y las coplas por la muerte del padre de Jorge Manrique.
<blockquote>[ALERTA DE SISTEMA: ENTIDAD NO CATALOGADA]]
DETECCIÓN: Presencia de deidad mayor.
ESTADO: Sombra perpetua entre la carne y el humo.
ADVERTENCIA: El protocolo de defensa es inútil. Iniciando registro de sacrificio.</blockquote>
Ningún dios que se respete cede al primer rezo de sus fieles, especialmente los que se convirtieron en el preciso instante de lo inevitable. Para ser un dios se requiere una buena dosis de desconfianza hacia la raza humana.
Para romper a Mateo, el dios hizo lo que cualquier otro hubiera hecho: lo besó con sus dieciséis lenguas e inspeccionó su expresión con los tres ojos, mientras que sus mil extremidades —abusando de su sensibilidad divina— acariciaron y sobaron el cuerpo del fiel, de aquel cobarde que no había tenido el valor para huir.
El dios supo en un instante de qué estaba hecho Mateo.
Las mil manos tomaron al confianzudo y lo despedazaron como quien hace cachitos una hoja de papel cuando está aburrido. El dios se llevó los pedazos a la boca, como si fueran frituras, y todos los triunfos de Mateo acabaron masticados por tres pares de dientes.
Entonces aquel dios de nombre impronunciable tuvo un súbito impulso de nostalgia. Hubiera jugado un poco más con él; no era como que lo despertaran todos los días. Ahora estaba solo en aquel lugar blanco y vacío.
[[Regresar al inicio para vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}¿Eso crees? Sí, quizás tienes razón: el amor es un paraíso de múltiples caras.
Oye, cuando lo dices se escucha dulce en el paladar. ¿Puedes saborearlo? El amor es un dulce de todos los sabores. Cómo ha cambiado nuestra canción con la promesa de los rostros amorosos y multiplicados.
Mateo y Dalila bailan para todos nosotros pero, si no te equivocas, ellos han bailado en pasados remotos y han bailado para otra gente. El amor no sólo es un juego de parejas. Un tango, un vals, el danzón o el rocanrolito de salón.
El amor es una red invisible que lo abarca todo:
El de los padres, los abuelos y los amigos.
El de los amantes, los infatuados y las mascotas.
El de los burócratas rumiantes y los indiferentes gatos.
El de quien espera el primer negocio del día y el de los viejos consumidos en una mecedora siempre tambaleante.
Incluso el amor que le tiene Dios al diablo y el que le tendrá el diablo a Dios cuando lo perdone.
Mateo vive su vida bailando con Dalila y puede ser que baile para siempre con ella, hasta la muerte. Vivirán juntos en su primer departamento en una ciudad naciente; tendrán problemas para mantenerse y usarán cientos de juegos carnales para olvidar el hambre.
Luego vendrá la abundancia. Una mediocre abundancia que les haga olvidar que estuvieron peor, pero que siempre les recordará que podrían estar mejor. Nunca estarán satisfechos, pero se quedarán el uno con el otro. Llegará la primera mascota, la segunda, y después uno o dos hijos para complementar y suavizar su miseria.
El amor se convertirá en los objetos que los rodean:
La ventana que los mira, la cama que los arropa, el fuego que hace chillar la tetera y el escándalo de la lavadora.
Serán los mocos de los niños, el quejido del perro y las gotas de aceite del primer auto: un vocho amarillo, una caribe verde o un tsuru gris rata. Al final, el amor será el rostro que pondrán en el espejo al despertar, cuando recuerden con resignación y melancolía aquel momento feliz en una fiesta perpetua, donde bailaron desnudos y se prometieron —a ojos del violinista y del diablo— que siempre estarían juntos.
No esperaban esta sensación tan molesta, como una lapa insoportable, de una rutina que poco a poco los condena.
¿Ahora te gusta más mi canción?
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</div>
]}Como era de esperarse, Mateo no podía compararse contra Colette. No como pugilista, ni como luchador, ni como idealista... ni siquiera como ser humano.
El primer golpe que había logrado asestarle —ese que lanzó solo para callarla— fue de una suerte increíble. El segundo fue su perdición. Colette lo evitó con una facilidad insultante y contrarrestó con un golpe seco en el esternón.
El crujido fue nítido: una o dos costillas, nada más.
Sin darle tiempo a respirar, ella descargó un golpe con la palma abierta directamente en su quijada. El impacto hizo temblar el cerebro de Mateo. El mundo dio un vuelco y terminó en el piso, plenamente consciente del dolor y del polvo, pero sin capacidad alguna de levantarse.
La gente, lejos de escandalizarse, aplaudió el espectáculo. Colette aprovechó el momento de gloria.
—Aquí, en este establecimiento, se respetan las reglas del juego —sentenció con voz firme—. Que esto no se vuelva a repetir y les sirva de lección.
Guardó silencio un minuto, permitiendo que el peso de sus palabras se asentara. Luego, lanzó una patadita chistosa al cuerpo tembloroso de Mateo y miró a la multitud. Señaló con un par de dedos a unos comensales que se habían distraído del festín.
—Tú y tú... no crean que no los vi que se saltaron la fila, ¿eh? Vengan acá porque todavía debo preguntarles: ¿Qué quieren ser? ¿Cocinero o carne?
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</div>
]}Mateo cerró el libro de golpe. Los gritos de Nico, asomada por una de las ventanas de la biblioteca, rompieron el silencio.
Afuera, el cielo estaba surcado por aviones morados. Pasaban sobre ellos liberando una lluvia de bombas sobre la mansión de la fiesta perpetua, que ya ardía en llamas. Cuerpos chamuscados se arrastraban entre los escombros, buscando morir en libertad, lejos de la sombra de los edificios destruidos.
Los aviones pronto llegarían a la biblioteca.
Mateo, con una educación fundada en libros, lo supo de inmediato: era su culpa. Al leer y escoger el destino de aquel superhéroe desconocido, había permitido los planes de un súper villano. Uno que, como la mayoría, prefería el morado para destacar.
Con una dosis de cinismo e ironía, comprendió que era tarde para actuar. Nico se abrazó a él mientras Mateo sostenía el libro rojo, dándose cuenta de que había descubierto, por accidente, el poder de un dios. Pero los accidentes rara vez ofrecen segundas oportunidades.
¿O quizás sí?
No sabía si la fuente del poder eran los libros, la biblioteca, la inocencia de Nico o el silencio de Casiopea. Pero los cínicos son los optimistas más recalcitrantes cuando enfrentan un final verdadero.
Mateo se rinde. Decide que es momento de buscar otra salida.
[[Rendirse y vivir otra vida de Mateo->1]]
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]}
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</div>
]}Reconoció al último sacrificio por la sonrisa que tenía enfrente. Ojalá hubiera leído la ficha; al menos estaría preparado.
Aquella persona le obsequió una sonrisa, por ratos andrógina y de una tristeza inconmensurable. Mateo miró su aspecto desgarbado, sus ropas sucias y su cabello, antes largo y hermoso, ahora corto e irregular. Ella se alegraba de verle —sus ojos se encendieron, quiso creer él— aunque se rascaba las muñecas como si tuviera un animal dentro de las venas que no pudiera sacarse.
—Dejará manchas de sangre en el piso —pensó Mateo—, pobre de la gente que deba limpiar.
Había escuchado rumores de las otras habitaciones de la mansión, especialmente de los edificios. No eran para cualquiera. Mateo supuso que ella cayó en alguna de las peores y su vida se rompió.
—Fue un error venir aquí. Fue un error separarnos. Si no te hubiera dejado aquella vez...
—Calma, calma ya —respondió ella.
—No voy a pelear. Haz lo que debas hacer.
—¿Tan tarde es?
—Y un poco más.
<blockquote>[NOTIFICACIÓN DE SISTEMA: CASIOPEA]]
ADVERTENCIA: Sujeto identificado.
Cercanía próxima a: NICO.
Estado: Objetivo de sacrificio.</blockquote>
Mateo empuñó el cuchillo como había hecho tantas veces. La abrazó por detrás y, después de besarle la nuca, hizo el bien dominado corte en el cuello que le había ganado tantos halagos. Todo pasó rápido, sin gallardía y sin tristeza.
Filo entró a felicitarlo. Mateo no quiso mirar atrás para ver cómo se desangraba el cuerpo de su amiga.
—Felicidades. Ya formas parte de nosotros —dijo Filo—. Ahora puedes elegir: trabajar para los clientes, salir a explorar la mansión o quedarte como carnicero, como yo. Tienes un día para escoger.
Mateo se retiró a su dormitorio. No pidió nada de comer, pero le llevaron un muslo jugoso. No tenía hambre; la cabeza no le dejaba comer. ¿Acaso no había perdido su humanidad? Qué fácil le resultaba ya el trabajo. Si no hubiera matado a los primeros con los ojos vendados, jamás se habría creído capaz de matar a otro.
Si salía de aquella prisión blanca manchada de rojo carmesí, ¿cómo evitaría ver a la gente como reses mientras ríen y aman? Con qué facilidad había matado a Nico.
Pensó: "finalmente, Casiopea condenó a Andrómeda una vez más."
Mateo suspiró, harto, observando la pantalla y luego el plato. Entonces, por un repentino ataque de hambre, se acabó por completo el muslo.
[[Regresar al inicio para vivir otra vida de Mateo->1]]
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</div>
]}Sacas el revólver. El sonido seco del martillo al posicionarse hace que los chicos volteen y despierta al viejo de las gafas redondas. No hay tiempo para dudas.
La detonación hace su trabajo. La sangre del niño llamado Mateo (según el dossier que te entregaron) mancha los libros viejos y el rostro de la muchacha. Ella abre los ojos, abre la boca, pero no sale ningún grito. El silencio es absoluto hasta que Orson —el dueño de la librería— grita desde detrás del mostrador.
Cuando volteas, ya te está apuntando con una escopeta. No evitas una carcajada; tenía que ser así. Alzas la mano para tranquilizarlo, pero él lo interpreta como agresión.
[EL DISPARO ES A QUEMARROPA.]]
El impacto te proyecta varios metros sobre los estantes, aterrizando a la derecha del cuerpo de Mateo. Ojalá alguien te hubiera dicho que este era el último caso. Te hubieras vestido mejor. O hubieras comprado un mejor whiskey anoche para celebrar.
Cumpliste tu misión. Te dijeron que debías matar al chico para que ambos fueran inmortales y pudieran atravesar la barrera.
<blockquote>[MEMORIA DEL CASO: OBJETIVO CUMPLIDO]]
"Mata al chico y saldrás de esta historia."</blockquote>
Te prometieron un mundo donde no todo es resolver casos y emborracharse recordando a tu esposa muerta o al hijo perdido. Un mundo donde las calles no son de tonos cafés y deslavados, y los dueños de librerías no cargan escopetas.
El pecho te arde. Sientes cómo la vida abandona tu cuerpo. Con la mano débil sacas un cigarrillo. Por fin, la chica está gritando. A lo lejos, las sirenas de la policía empiezan a aullar.
Mata al chico. Saldrás de esta historia.
Cierras los ojos. El mundo se desvanece. //Fade to black.// En algún rincón de tu mente, Fats Domino empieza a cantar: //Ain’t that a shame.//
¿Y si te engañaron? Es muy tarde para eso. En tus últimos segundos sientes una paz extraña. Qué curioso.
[[Reiniciar el sistema y vivir otra vida de Mateo->1]]
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]}
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}Gerard se levanta de la mesa y mira a sus hermanos, incluso a Colette, quien ya preparaba la vara de madera para tranquilizarlo. El niño se toca los colmillos con la punta de los dedos y sonríe. Sus hermanos parecen entender. Todos abren la boca y expulsan los colmillos.
En este universo, Colette nunca tuvo oportunidad de controlarlos. Sus hermanos fueron creados con un propósito divino: no solo podían crear el caos a través de sus acciones más comunes; su propio cuerpo estaba preparado para ello.
Gerard mordió el primer pedazo de realidad. La casa, entre sus dientes, se deslizó como un pedazo de tela para revelar, detrás de ella —como si de un telón se tratara— lo que algunos seudocientíficos llamarían antimateria.
[ERROR CRÍTICO DE SISTEMA]]
[ESTADO: Narrativa interrumpida.
CAUSA: El sujeto Gerard ha mordido la página número veinte.
EFECTO: El sueño de un mundo paralelo se ha roto. El orden y el caos ya no son conceptos válidos.]
Odette dio otra mordida y, para su sorpresa, se llevó un pedazo de Colette. Pero se lo llevó de manera tan irregular que Colette ya no parecía ella misma, sino la silueta borrosa de una mujer en una pintura impresionista. Ella trató de defenderse, pero Gabrielle también mordió. Se llevó a Gerard, a Odette y un gran pedazo del pueblo.
Las estrellas cayeron sobre el suelo como diamantinas. El suelo se disolvió como pegatinas mojadas.
Ahora se revela la verdad de lo que pasa con nosotros cuando alguien cierra un libro, una simulación, un juego. Yo soy el narrador y todavía existo, pero me he escondido muy bien. Sin embargo, cuando una de esas cosas tiene estómago para comerse un universo entero, es difícil ocultarse para siempre.
Al final, solo quedarán esos dientes filosos atravesando esta realidad. Espero que no lleguen a la otra, donde ocurre una fiesta, donde un muchacho vive múltiples vidas, o peor todavía: al lugar donde existe esa persona que las escribe todas y se llama...
(text-style:"wavy-underline","shudder")[Crunch, crunch, crunch.
Crunch, crunch, crunch.
Crunch.]
[[Reiniciar la simulación y vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}El fragmento 21 es autobiográfico. Por ello no está amarrada a ninguno de los cuentos. Existe porque me gustaría darme esta pequeña libertad para contarte lo mucho que me emocionaban estos libros de escoger tu propia aventura cuando era niño.
Fue como descubrir el aspecto lúdico de la lectura. En la escuela, a veces —sobre todo en materias manejadas por hombres de saco y sombrero, aburridos, tan jodidos por sus padres—, leer era un castigo. Quisiera echarles la culpa a esos hombres por mis exámenes extraordinarios de física, de trigonometría y de anatomía.
Siempre fui un muchacho distraído. Siempre prefería la ficción para olvidar la maldita seriedad; prefiero reírme dieciséis veces antes que aprender estructuras que lo simplifiquen todo y erradiquen la esperanza de conservar un misterio, un enigma o la posibilidad de crear un nuevo dios.
Supón que no leíste el párrafo de arriba. Imagina otra cosa: Mateo es un superhéroe o el protagonista de una historia steampunk. Mateo sueña con ser James Bond o, por fin, logra casarse con Dalila.
En esta página, Mateo puede ser lo que tú decidas:
Quizás nunca le gustó Dalila y finalmente ocurrió algo con Nico, su mejor amiga.
Tras 217 capítulos, admitieron su amor y es hora de cerrar la serie, porque la gente ya no espera otra cosa. Es agradable terminar enamorados una historia.
Quizás te encontraste con un laberinto de monstruos, minotauros, caballeros ciegos, fuegos fatuos o indígenas tarahumaras rezándole a sus dioses.
La Página 21 son los murales de Siqueiros o los grabados de William Blake. Contiene un fragmento del universo que guarda apenas todo lo conocido por la materia humana (cosa que creemos vasta pero, en realidad, es tan tierna como un cachorrito recién nacido).
La Página 21 es tuya. Si la aceptas, te la regalo: es el final que siempre quisiste o el inicio de una peligrosísima aventura.La estatua humana se deshizo y, como polvo enamorado, cubrió de tierra el escenario.
Unos minutos después, surgieron una veintena de cuerpos desde las profundidades. Mateo estaba entre ellos. Se palpó el estómago, la cabeza y el sexo; todo estaba en su lugar. Ya no era la mujer, tampoco la quimera. Sentía el cuerpo molido pero satisfecho, con la pesadez de quien regresa de un viaje demasiado largo.
Dalila, a su lado, le acarició el hombro. Se miraron y se abrazaron entre lágrimas y risas. A su alrededor, el Círculo de los Amorosos rugió en ovaciones y chiflidos.
—¿Siempre es Sabines? —preguntó Mateo.
—Hoy sí —respondió Dalila—. Mañana quizás sea otra canción de amor.
—¿Te irás de aquí?
—Nunca.
—¿Puedo acompañarte?
—Tanto como quieras. Aquí estaré: yo y los otros.
<blockquote>REGISTRO DE AUDIO: CASIOPEA
"Los amorosos callan. El amor es el silencio más fino, el más tembloroso, el más insoportable. Los amorosos buscan, los amorosos son los que abandonan, son los que cambian, los que olvidan."</blockquote>
Los reflectores iluminaron las salas. Mateo pudo ver, por fin, a quienes aplaudían desde las sombras:
Hombres con máscaras de animales y arlequines.
Viejos de gabardinas rasgadas e indigentes que se manoseaban.
Una pianista de tiempos mejores y un barrendero con su escoba.
Religiosos: budistas, católicos y wiccas.
Mateo rompió en llanto al sentirse diminuto, alguien insignificante en medio de ese teatro. Comprendió que, para conservar algo de dignidad, tendría que representar su papel una y otra vez, hasta que su amor fuera digno de Dalila.
Ella le jaló para hacer la reverencia final. Los aplausos clamaron con fuerza. Sobre el estruendo, las bocinas exclamaron con una frialdad mecánica:
"LA PRÓXIMA FUNCIÓN SERÁ EN UNA HORA."Le hizo feliz su mal juicio: Mateo creyó, genuinamente, que tuvo la oportunidad de matar a un dragón, uno verdadero.
Entendió, de pronto, que durante esos tres años había matado a una débil representación de lo divino: a los hombres que estaban hechos a la semejanza de Dios. Comprendió que Dios era el dragón, una bestia perfecta e incomparable. Escuchó la risa estridente de Freitag —una risa vieja— mientras el mundo se calcinaba. El dragón crecía en tamaño; unas alas empezaban a brotar de su espalda. Estaba dispuesto a destruirlo todo.
<blockquote>[ALERTA CRÍTICA: PURIFICACIÓN DEL SISTEMA]]
[ESTADO: La Habitación de los Hambrientos ha dejado de ser funcional.]
PROTOCOLO: El Dragón procede a resetear el entorno. Nuevas trampas, nuevos vicios, nuevos tesoros. Los laberintos de oro se desarman para los Sanjorges del mundo.]</blockquote>
Mateo aún vivía, en una suerte de ironía, y alcanzó a ver cómo sus compañeros abrían la puerta. Otros carniceros entraron y fueron calcinados como mosquitos a la merced de un encendedor. Filo fue la tercera en hacerse polvo con un solo escupitajo airado del adversario.
¿Qué lo mantenía con vida? ¿Por qué el fuego no había acabado con él? Mateo esbozó una breve sonrisa; si tan solo pudiera contarle esta historia a Nico, a Dalila, a quien fuera...
El mundo empezó a temblar bajo su espalda. Un hocico colosal lo tomó entre sus fauces y, mientras Mateo se perdía en el necesario descanso de la inconsciencia, el dragón se lo llevó volando, lejos de las cenizas de la habitación blanca.
[[Reiniciar la simulación y vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}Cuando Godot llegó pero Vladimir y Estragón ya se fueron.Los que vieron, dicen que el error de Mateo fue dar ese primer paso. Filomena ya lo tenía bien medido. Esa mujer, aunque borracha, podría partir una mosca en cuatro con sus puñales bien afilados —dijo un señor mientras ayudaba a retirar el cuerpo—.
¿De la pelea? No hay mucho que decir. Sí, Mateo dio el primer paso y alzó el puñal, pero la otra, aunque robusta como un buey, le metió una zancada rapidísima. Mateo no había terminado de caer cuando ella ya le había clavado un cuchillo en la espalda y otro en la nuca.
Meticulosa como siempre, Filomena quiso asegurar la muerte: trozó la punta de los cuchillos dentro del cuerpo, tomó asiento y continuó la fiesta. Ya estaba empezada y ni modo de desperdiciar toda esa carne.
<blockquote>[REGISTRO DE BAJA: CASIOPEA]]
ESTADO DEL USUARIO: Difunto.
CAUSA DE MUERTE: Doble trauma por arma blanca (Cervical/Dorsal).
ESTADO DEL ENTORNO: La fiesta continúa. No se detectan anomalías en el suministro de carne.</blockquote>
Colette lloró un poco al quejumbroso. Entre sollozos, se le escuchó decir una última verdad sobre el muchacho:
—Era tan enclenque y chupado que hubiera sido un excelente pinche.
[[Regresar al inicio para vivir otra vida de Mateo->1]]
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</div>
]}
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}Parece que has llegado al matadero. Perdón, antes había un letrero en la puerta pero alguien lo quitó; qué incómodo. Pásale por aquí, te voy a contar cuántas veces ha muerto Mateo. Aquí guardamos todos sus cuerpos en sus múltiples formas.
Mira, este murió calcinado por el fuego de un dragón. Este otro murió por los cuchillos de una señora que es muy habilidosa con los filos. Este que ves aquí es el cuerpo de Mateo que murió masticado por las doscientas bocas de un dios nostálgico.
Registro de Daños de la Unidad: "Mateo"
BITÁCORA DE BAJAS RECOLECTADAS:
* SUJETOS TIPO A: Golpeados y suicidas.
* SUJETOS TIPO B: Atropellados y hechos puré de carne.
* SUJETO ANOMALÍA: Cuerpo dividido. La mitad entró a una dimensión de antimateria y todavía vive; la otra mitad —mírale el color— ya está bien muerta.
Aquí nada más los guardamos. En otra página, según me han dicho, procesan los espíritus restantes de estos cuerpos para darle vida nueva a Mateo y que las cosas corran normales en el PRIMER FRAGMENTO. ¿No te habías dado cuenta? Bueno, eso habla de lo perfeccionistas que somos en nuestro trabajo.
Lástima que nos encontramos en el fragmento 31. Se supone que no hay modo obvio de llegar aquí. Quizás podemos convencerte de que esto es un sueño y que no hay modo de que este espectáculo grotesco de los múltiples muertos de Mateo esté sucediendo.
Usamos una energía de vida, un maná, un proceso muy especial para la resurrección. La pura felicidad. No te preocupes, podemos garantizarte que el proceso de resurrección como tal no es doloroso; al menos eso le debemos a nuestro personaje estrella.
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[ [[Escuchas una pregunta vital->63]] ]
</div>
]}Mateo y Dalila aprendieron la verdad cuando el fuego dejó de consumir sus almas: el amor se convirtió en el compromiso de la rutina. Una búsqueda perpetua por encontrar aventuras que los enamoraran de nuevo.
No pienses mal, bebé. Ambos aprendieron a controlar el ardor de las llamas. La pasión debe guardarse en un bolsillo, no solo por el terror de consumir los cuerpos, sino porque deben existir las caminatas tranquilas para oler el pasto mojado y acariciar las narices húmedas de los perros ajenos. Esta es la canción de los viejos: una de secretos y miradas comprensivas.
El mundo es una fiesta perpetua. Los hambrientos comen carne, los amorosos se consumen y el diablo tiende las trampas. A nadie le importa lo que hacen los otros, a no ser que tengan a alguien con quien compartirse.
Cuando aparecieron las primeras canas, supieron que a nadie más le afectaría la partida del otro. La muerte son noticias que suspenden la rutina temporalmente, pero eventualmente uno hace las paces y el infierno deja de ser "los otros" para ser uno mismo: uno mismo mirándose al espejo y contándose las arrugas, los triglicéridos, el azúcar y la presión arterial.
El infierno es uno mismo hasta que conseguimos otro abismo donde asomarnos; ese abismo que nos regresa la mirada es un alma enamorada. Si tan solo hubiera entendido esto antes de perder a Arlette, antes de apostársela al diablo...
(Aquí viene el coro)
¿Quieres saber de ellos? Murieron viejos y casi satisfechos. Él se volvió loco y ella olvidadiza, hasta que la última caricia fue el último recuerdo agradable antes de convertirse en dos extraños, arrugados y apestosos. Ningún dios tuvo la piedad de cercenar su existencia en tiempos más felices.
Pero suya es el alma que ascendió al cielo. O quizás al infierno, porque los enamorados pueden hacerse tantas maldades que crispan las manos de Cristo. Están juntos, riéndose cómplices, mientras miran desde lejos el baile solitario de mi Arlette.
El baile solitario de mi Arlette... Oh, oh, oh.
FINITA LA MUSICA.
Déjenme solo.
[[Reiniciar el sistema y vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}Está bien, Mateo, me descubriste: soy el narrador de esta historia.
No te pudiste contener y tenías que seguir indagando, tirando los dados para ver con quién te encontrabas, ¿verdad? Me alegra, de veras; eso te hace poco más que un bruto. Eres un semental, eres imparable, eres un héroe entre todos los héroes. No es para menos, en serio. Tus puños los vencieron a todos: a una gordita amable, a quince comensales encabronados, a una joven promesa de la lucha libre y al dios oculto.
¿Qué más quieres? ¿Vencerme a mí? Contrario a lo que dicen los escritores popof, yo valgo nada aquí, te lo juro. Soy un simple instrumento. Las palabras llegan a mí como por arte de magia. No tengo control sobre tus pensamientos ni tus actos. De verdad.
<blockquote>[DETECCIÓN: El sujeto (Mateo) ha traspasado el plano narrativo.
EVENTO: Agresión física en curso contra el emisor de la señal.]</blockquote>
¡Híjole mano, espérate tantito! ¡Suéltame y no te pongas brusco! ¿Pues a qué hora te pusiste a hacer pesas, chamaco? Te juro que yo te imaginaba más debilucho, como una mierdita pueril a la que todos pisotean. ¡En las manos no, que de eso vivo! ¡Ay cabrón, eso sí me dolió!
¡Ya entendí, pues! ¡Ya entendí que me vas a matar! Pero antes de que sigas golpeándome debes entender una cosa: cuando te dije que yo no tenía poder, hablaba en serio. ¿Piqué tu curiosidad, Mateo?
¡Espérate, chingado! Ahorita me matas. Mira, si de plano me vas a torcer el pescuezo, no me voy solo. Hay otro responsable. Búscalo en el fragmento 68, si es que puedes... Alguien que está mirando esto ahora mismo. Alguien que toma las decisiones por ti.
¡Ay, hijo de la chingada! ¡Cabrón! ¡Hijo de tu puta madre! ¡Apúrate y acaba conmigo, apúrate pues, pinche diablo, pinche monstruo, pinche héroe demoníaco que ignora la voluntad de los dioses! ¡Híjole, cabrón! ¡Haces tu voluntad, no? ¡Órale y acaba conmigo, pinche...!
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<div style="opacity: 0.5; font-family: monospace;">
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</div>
]}
{(set: _matadero to (random: 1, 20))
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}Reconoció al último sacrificio por los pantalones bombachos. No podían ser los mismos después de tanto tiempo, pero despertaron su memoria: era el rostro de la chica que estuvo a punto de atropellar con una bicicleta. Dalila.
Ella esperaba al final del pasillo de la muerte, mascando un chicle y golpeteando la puerta de paja con su cuerpo. Tenía las manos a la espalda, con una sencillez e ingenuidad impropias del lugar, como si esperara un camión que la llevaría a otro sitio. Mateo dudó; nunca le había tocado alguien que no hiciera de su transición a la carne un drama.
—¿Esperamos a alguien? —preguntó ella.
—Creí que nunca te volvería a ver —respondió Mateo.
Dalila sonrió rápidamente sin despegar la mirada de Mateo.
—Nunca me imaginé que te encontraría aquí.
Mateo se acercó apretando el cuchillo con demasiada fuerza. Así no podría matarla, solo herirla. No podía pedirle a su cuerpo que fuera el mismo asesino de antes. El corazón, oprimido en su pecho, apenas le dejaba respirar. Tenía que decirle algo:
—¿Recuerdas?
—Claro, nos vimos al inicio. Estuvimos juntos —dijo ella, titubeando.
Dalila extendió los brazos. Mateo no podía creer su suerte; ella quería abrazarlo y él necesitaba ese contacto para limpiar, si fuera posible, la sangre acumulada en sus manos. Aquella voz, que en un mar de verde interminable le pareció de ángel, le ofrecía ahora la verdadera redención.
Aceleró el paso para fundirse en el abrazo, pero entonces estallaron las alarmas.
<blockquote>ALERTA DE SEGURIDAD: CASIOPEA
ADVERTENCIA: Intrusión detectada.</blockquote>
FILO: —¡Mateo, cuidado! ¡Es una trampa!
La advertencia llegó demasiado tarde. Mateo volteó a ver qué sucedía, olvidando a Dalila por un segundo. Ella no lo olvidó a él: le arrebató el cuchillo y se lo clavó profundamente en la espalda.
—Eres un imbécil —pensó Mateo mientras caía.
Vio a Filo entrar al matadero, decidida, con dos cuchillos en la mano para enfrentar a Dalila. Mateo quiso detenerla, pero ya no podía hablar; el dolor se difuminaba en un descanso necesario. Entre la bruma de la inconsciencia, escuchó palabras confusas: “Ganaste tu libertad... sal de aquí... has matado a uno de mis mejores carniceros... ojalá nos volvamos a ver”.
Mateo cerró los ojos. Su vida se escapaba. Su último pensamiento fue el deseo de un poco de cariño y la comprensión de que, a pesar de todo, había saciado un hambre que no sabía que tenía.
[[Reiniciar la simulación y vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}El Gerente —en mayúsculas, pues no se le conoce otro nombre— era mucho más que un administrador de la Habitación de los Hambrientos. Detrás de su habilidad para gestionar urgencias y aspiraciones profesionales, se escondía un ávido fanático de la lucha libre.
Se entrenó desde pequeño en los gimnasios de la Guerrero, ahí donde gladiadores despampanantes como el Rayo Tricolor, Humanitas Rex y el Niponés de la Buenos Aires forjaron su leyenda. Su maestro fue uno de los primeros en ser llamado a pelear en Japón, un hombre cuya máscara sigue inspirando a artistas que intentan, sin éxito, capturar su esencia.
Nombrar a semejante héroe del imaginario nacional sería un insulto; basta decir que él fue quien legó sus mejores técnicas secretas al próximo oponente de Mateo.
<blockquote>FICHA DE COMBATE: EL GERENTE
Origen: Gimnasio de la Guerrero / Arena Caracoles (Iztapalapa).
Estilo: Vieja Escuela (Elegancia y técnica insuperable).
Estado: Ídolo del "Carnicero 2048".</blockquote>
El Gerente no necesitó ninguna técnica secreta para vencer. Mateo, al reconocer a su oponente, se arrodilló. Recordó haber visto las primeras peleas del Gerente en la Arena Caracoles, en Iztapalapa. Desde entonces, se había convertido en su leal fanático.
En sus fantasías, Mateo soñaba con ser testigo de cómo el Gerente sobrepasaría a su maestro con gracia y caballerosidad. El hijo vencerá al padre, había pensado Mateo. Por eso, decidió que no sería él quien manchara esa trayectoria.
No protestó cuando los tremendos brazos del luchador lo alzaron. Mateo sintió el vértigo de las mil vueltas y luego la náusea de salir volando por los aires. La gente clamaba el nombre del ídolo y escupía el de Mateo.
No importaba. Quería ayudar a su héroe.
Lo último que vio, antes de perderse en un placentero sueño, fueron los ojos brillantes tras la máscara. Un puñetazo final lo mandó a dormir, permitiéndole soñar con el futuro: él sería, sencillamente, un espectador más clamando el nombre de un verdadero guerrero.
Esta había dejado de ser su historia.
[[Regresar al inicio para vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}La historia que voy a contarles complacerá a quienes desprecien a los golpeadores arrogantes y a quienes profesan un amor desmedido por las reglas. Mateo tuvo mucha suerte la primera vez, pero vencer a quince hombres furiosos por un afán de venganza sube demasiado las apuestas.
Mateo intentó lo único honorable que se le ocurría: correr. Escapar de Colette, de Casiopea, de Nico y de Dalila; olvidarse de la Fiesta Perpetua en la Habitación de los Hambrientos. Ojalá todo fuera tan sencillo como prometerse el olvido. Dos hombres lo sujetaron por la camisa antes de que pudiera huir, jalando su cuerpo enclenque como si fuera una varita de madera seca.
No sería él quien decidiera su destino, sino los quince pares de puños que le enseñaron un poco de educación con cada impacto.
<blockquote>REGISTRO DE INCIDENTE: CASIOPEA
ESTADO DEL USUARIO: Bajo coacción física severa.
ANÁLISIS: El sujeto está recibiendo una corrección sistémica por arrogancia.
ADVERTENCIA: La integridad del "Héroe" ha sido comprometida por la colectividad.</blockquote>
La verdad sea dicha: ni siquiera Mateo se sentía mal por sí mismo. Sabía cuál era su crimen. Debía pagar su breve momento de suerte, sus ganas de ladrar como un perro y avanzar entre los demás como si tuviera mejores patas, mejor cabello y mejores ojos que ellos. Ahora, ellos le estaban enseñando la verdad de su pobre existencia.
Algunos dicen que sonrió con el último golpe antes de que lo dejaran tirado para auxiliar a la pobre Colette. No se sabe si Mateo quedó vivo o muerto, pero seguramente aprendió su lección en el suelo frío de la habitación.
[[Regresa para vivir otra vida de Mateo->1]]
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]}<blockquote>—Está bien —dijo Pensamiento Profundo—. La Respuesta a la Gran Pregunta...
—¡Sí!
—De la Vida, el Universo y de Todo... —dijo Pensamiento Profundo.
—¡Sí!
—Es... —dijo Pensamiento Profundo, y tomó una pausa.
—¡Sí!
—Es...
—¡¿Sí?!
—Cuarenta y dos —dijo Pensamiento Profundo, con una calma y majestuosidad infinitas.
—The Hitchhiker’s Guide to the Galaxy, Douglas Adams</blockquote>Mateo soltó el libro de Boris Santiel. Nico se le quedó mirando con unos ojos brillantes y perversos. No sabía cómo explicarle lo que acababa de suceder. Para él era evidente: aún podía sentir la presencia del libro en sus manos y la multiplicidad de ojos que se le echaban encima.
Sin saberlo, habían cruzado el umbral entre la ficción y la locura. Eso había liberado una sombra que ahora se ocultaba entre las paredes, debajo de los dinteles de las ventanas, como diminutas arañas que planean tomar el mundo entre sus telarañas pacientes.
REGISTRO DE FICCIÓN: ARCHIVO SANTIEL
“En esta tierra, lo único cierto es la inmortalidad de estos libros”.
Quizás esos libros eran inmortales porque funcionaban como una prisión para fuerzas y espíritus misteriosos, justo como el que acababa de liberar Mateo. Y debía haber una buena razón para mantenerlos encerrados.
—Vete de aquí, Nico.
Mateo sacó unos fósforos, los encendió y los dejó caer. Escuchó el grito de la presencia: un alarido que se confundía con una carcajada burlona. Volteó y Nico todavía estaba ahí, sonriendo con esos ojos perversos. Ella lo abrazó.
—En este instante —dijo ella—, alguien siente el calor de las llamas entre sus manos.
<blockquote>ALERTA DE INTEGRIDAD NARRATIVA:
EVENTO: Combustión espontánea de la trama.
REFERENCIAS DETECTADAS: Todos los fuegos el fuego, John Howell, El infierno tan temido.
ADVERTENCIA: El fuego no se limita a esta página. Se propaga por el árbol de decisiones.</blockquote>
Mateo sonrió al comprender las capas de este cuento y de todos los cuentos: mares de páginas entrelazadas por los ríos del tiempo.
—Yo sólo quería matar a uno de los monstruos, no quería matarlos a todos —le dijo a Nico entre risas.
Pero Nico ya estaba de rodillas, su sonrisa derretida y sus manos crispadas. Mateo supo que su fuego no solo alcanzaría este relato, sino también los muchos otros que se partían en números y ramas, un árbol orgánico e infinito.
No mires atrás. No sueltes el libro. Escucha mi mensaje: "Así fue como todos acabamos consumidos y esta lectura, no tengas miedo, sólo es el eco de algo que sucedió hace tiempo".
El sistema ha sido purificado por el fuego.
[[Regresar al inicio para vivir otra vida de Mateo->1]]
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}Usted lanza los dados y el resultado es: **$dado**.
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[[La confianza de Mateo lo salvará->89]]
]
(else:)[
[[El honor de Mateo posiblemente lo salvará->38]]
]Ah, mi buen señor, ya era hora de encontrarnos. Pero qué veo entre sus manos: ¿un cuchillo?, ¿un rifle?, ¿una hoz?, ¿una manzana? Es el hambre la que nos pone metafísicos. Oh... no me dirá que ha venido aquí con una intención asesina. Sufrirá una decepción y, en otras circunstancias, quizás en otra vida, lo dejaría intentarlo, a ver si usted puede descubrir el color de mi sangre porque el de la piel ya la conocemos todos.
Si tan sólo su existencia no me interesara tanto permitiría que diera uno o dos golpes. Que le quede claro: mi curiosidad abrió la puerta que usted ha atravesado. Entre. Deseo que platiquemos sin accidentes. De ser otro habríale provocado un accidente sin el menor empacho y su vida culminaría con la misma tristeza y el dolor que cuando empezó, según las páginas que algún autor se habrá ahorrado.
¿Calor? Quítese esa chaqueta, esa chamarra, el delantal, el disfraz de verdugo. Está entre amigos. Desnúdese porque después de mí, su vida no será la misma.
¿A poco necesita la “guía” esa para comprender quién soy? En qué se han transformado, humanitos ingenuos, que deben confirmarlo todo a través de una pantalla antes de dar un paso. ¿Qué le ha pasado a la aventura, a los accidentes? ¿Por qué niegan tanto el placer de toparse conmigo sin saber, sin esperar?
Y repare un momento en la paradoja: algunas veces entran a mi casa a través de esa pantalla. Llegan sin aviso; no se molestan en alzar la mirada para ver el lugar donde se encuentran; murmuran enloquecidos mensajes encriptados a 256 bits creyendo que solamente están hechos para sus ojos. Entonces debo tocarles el hombro a esas personas, mirar sus pantallas como si fuese un espejo y decirles: apaga tantito tu cosa esa, que vamos a platicar. Me encanta platicar con mis visitantes. ¿Casiopea dice que se llama? Qué increíble, hasta nombre le ha puesto. ¿Seguro que no tenía otras opciones? ¿Y por qué usted debía llamarse Mateo? ¿Por qué siempre se llama Mateo? ¿No se cansa?
Soy y no soy.
Fíjese que yo soy un accidente. La primera vez soy una sorpresa, pero después soy un gozo, una molestia, una mosca que se ha posado en su libro y le hace preguntarse: ¿cómo diablos (ay, esa palabra) voy a creer que aquí se encuentra este camino, de todos los posibles? Pero, necesariamente, debo existir en todas las historias. A veces sólo soy una brisa, a veces sólo soy un artificio, pero me encuentro en todas, incluso en las que no debería estar.
Estoy aquí para interrumpir una mentira y comenzar otra.
Mire... trueno los dedos y su existencia se multiplica:
* Usted es un millonario.
* Usted es un hombre de familia.
* Usted es la madre más orgullosa del mundo.
* Usted es la primera mujer, la perfecta, la que desapareció de los libros.
* Usted es un perro que vive feliz en la casa de sus amos.
* Usted es el zanate con el silbido más estridente de todos.
* Usted es un cacto que camina buscando la salvación de su alma.
Trueno los dedos otra vez y su existencia se difumina: ahora es la sinfonía oculta de Mendehlsson; es las primeras gotas de lluvia después de la sequía; es la risa que salva una vida antes de que esta salte a un puente.
Lo eres todo (¿importa que te llame de tú?, creo que ya sabes mi nombre, yo con certeza me sé el tuyo), pero no puedo permitirte que lo vivas sin antes firmar un contrato por tu alma. Y toma tiempo urdir estas mentiras. Firma las hojitas, las cinco copias, al calce por favor.
Por lo pronto, desconfía de las cadenas y de los látigos, de los ríos de mierda, de los lamentos y de los gritos. No hagas caso a todo eso y, te digo al oído, tan cerca como si fuéramos amantes: no trates de descubrir la única puerta oculta que te sacará de aquí.
Hazme caso para que la personita aquella que cree controlarlo detrás de una pantalla (o de una hoja de papel), como muchos tontos que no las abandonan hoy en día, crea que tú viviste y moriste felizmente. Con eso basta.
¿Cuántos encuentros conmigo, realmente se sabe, no han sido felices?
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(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
</div>
]}Mateo alzó la mano izquierda para protegerse el pecho y preparó la derecha para el ataque. Corrió hacia Filo. Sucedió lo previsible: los carniceros guardaespaldas se adelantaron, empuñando cuchillos tan grandes como sus propios torsos.
La mano izquierda de Mateo bloqueó la primera estocada dirigida al corazón, dándole el segundo exacto para cercenar la garganta de uno de los gorilas. En ese instante, Mateo se felicitó a sí mismo; finalmente entendió lo que Filo veía en él: la velocidad, la precisión y la certeza absoluta de quien ha nacido para matar o morir.
<blockquote>Monitoreo Biométrico:
ESTADO CRÍTICO: FALLO MULTIORGÁNICO
EVENTO: El segundo carnicero ha enterrado el filo en el costado del usuario.
DIAGNÓSTICO: Neumotórax masivo. El aire se convierte en sangre.
OBSERVACIÓN: Expulsión de fluidos por orificios naturales y trauma abierto. Probabilidades de supervivencia: 0.02%.</blockquote>
Ya lo esperaba. Sus probabilidades desde el principio habían sido mínimas. Eso pasa por andar dando saltitos de fe: a veces se gana, a veces se pierde. Lo único que cambia es cuánto confiamos en deidades a las que les importa un bledo cuán alto saltemos.
Filomena abrazó a Mateo con una fuerza descomunal. Él sintió que lo estrujaban como a una bolsa de salsa. El carnicero restante le asestó dos puñaladas más en el costado y el estómago, asegurando el final.
Entonces, Filo mostró su peculiar misericordia: le tronó el cuello con un movimiento seco, como si fuera una gallina lista para el caldo. El espíritu de Mateo, en su último destello de conciencia, alcanzó a ver no solo el rencor, sino la lástima en la mirada de la mujer.
—Qué desperdicio —susurró ella.
Fin de la transmisión. El sistema se reiniciará en breve.
[[Cargar nueva instancia: vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}<blockquote>Casi de golpe se encontró frente a un bastidor que representaba una biblioteca burguesa; dos hombres que parecían aburrirse lo saludaron como si su visita hubiera estado prevista e incluso descontada.</blockquote>
Instrucciones para John Howell, Julio Cortázar.<blockquote>¿Es la primera vez que se suicida?
—Les Luthiers.</blockquote>Mateo, con la sangre goteando de sus puños, camina por un largo pasillo oscuro.
¿Lo notaron? Hemos dejado de hablar en el pasado porque ahora estamos en el presente. Es que su gracia rompió leyes universales; leyes que, de no ser por él, seguirían actuando como siempre y pasarían agradablemente desapercibidas. El tiempo, por ejemplo, o la distancia entre un lugar hecho de papel y uno tridimensional, indudablemente físico.
<blockquote>Anomalía Temporal:
ALERTA DE SISTEMA: Ruptura de continuidad detectada.
ESTADO: Transición de registro (Pasado -> Presente).
OBSERVACIÓN: El usuario ha penetrado una capa de la realidad no indexada en la base de datos. Se detecta una presencia externa "leyendo" la ejecución del programa.</blockquote>
Mateo no es el único culpable, claro. Hay otros dos que son igual de responsables de romper el universo. Uno de esos canallas aún se esconde entre líneas; el otro está a unos pasos. Tira unos dados. Juega a ser Dios.
Para Mateo eso no representa ningún problema porque ya ha vencido a otros dioses antes. Duda porque no puede distinguirlo; no puede decir cómo es la persona que tiene enfrente, como si sus ojos vieran una mancha, un borrón multiforme, una creación de múltiples y caprichosos cuerpos.
Lo único invariable de la criatura de las mil caras es que lee obsesivamente algo entre sus manos: un libro, un celular, una tableta, un panfleto. Mateo descubre al lector de su historia. Piensa en saludarlo, en burlarse de él, en decirle: “¿Ahora quién lee a quién?”. Pero eso le quitaría el factor sorpresa. Así venció a Colette.
Mateo se acomoda los anteojos. Cree ver en el ente tiradados a una mujer de vestido floreado, que de pronto cambia a un viejo de bigote aburrido, y luego a una niña de pelo corto vestida como muchacho, y ahora es un perro que muerde rabiosamente un libro... o un teléfono muy parecido a Casiopea.
Antes de entregarse al miedo ante la criatura mayor que un dios, Mateo se truena los nudillos, se muerde el labio hasta sacar sangre y la muele a palos.
Mientras los golpes caen, un par de dados golpea el cielo y los números cambian con cada puñetazo:
* 2 - 7
* 6 - 6
* 4 - 3
* 5 - 1
* 5 - 1
* 5 - 1...Tres años después, los draconianos recuperaron el cielo y lo hicieron frente a Mateo. Y aunque muchos creerán que a sus cuerpos les crecieron espontáneamente las alas de un murciélago, porque sería lo más obvio, en realidad recuperaron el cielo a través del lenguaje. Y el lenguaje de un dragón es tan alado como los cientos de pájaros en el Jardín de los Sabores.
Así lo descubrió Mateo frente al que sería su último trabajo. Filo se lo pidió como un favor antes de que él tomara la decisión de seguir en la Habitación de los Hambrientos o de abandonarla definitivamente. Casiopea fue entregada a las manos de Mateo, no sin antes regresar el recibo de papel. De inmediato entró al pasillo del matadero, afilando los cuchillos, con su dispositivo en un bolsillo.
Miró a su contrincante y notó dos diferencias cruciales: la mirada escalofriante, sagaz y humana; la sonrisa arrogante y llena de colmillos. Hábil, alerta, esperó al primer movimiento del draconiano y este, con un porte elegante, hizo una suave reverencia frente al carnicero, como si este mereciera todo el respeto que lleva al camino de una bien meditada traición.
"Esta es un dragón que merece ser dominado", pensó Mateo y poco reparó en que le había llamado dragón en vez de draconiano.
<blockquote>Notificación de Seguimiento:
IDENTIFICACIÓN: Freitag.
ESTADO: Participante de Caos desde hace 600 años.
AVISO: ¿Deseas seguir a este usuario?</blockquote>
—¿Acaso tienes nombre? —dijo Mateo sorprendido, alzando a Casiopea para enseñarle su pantalla.
El dragón expresó lo que puede ser interpretado como una risa: —Hay cosas que siempre permanecerán como un misterio. Al menos, en esta vida, así debe ser.
Mateo sintió una punzada hambrienta. De pronto se recordó en aquel camino empedrado, antes de entrar a la mansión, caminando junto a Nico y evitando el golpe de Dalila. Al pensar en ella, sintió que la lengua se le llenaba de azúcar.
—Ven conmigo, estos muros no significan nada para mí. Ven conmigo y quizás aprendas algo en tu corta vida. Ah, las maravillas que puedo enseñarte, los tesoros que guardo y nadie se ha atrevido a robarme porque tenemos esta dura separación. La habitación de los hambrientos es simplemente un filtro, una barrera. Por fin he encontrado a alguien, casi me atrevo a decir que un caballero de verdad.
Empezaron a sonar las alarmas.
El dragón extendió su mano.
"¿Debería decir que no?", se preguntó Mateo pero ya estaba aproximándose al dragón. El pasillo parecía alargarse. Recordó la astucia de los dragones. Son engañadores por naturaleza, no por nada el dragón era asociado con Satanás (y el dragón sonrió justo cuando ese pensamiento pasó por su cabeza) pero, ¿por qué habría este de tomar el riesgo? Escuchó los gritos de Filo pidiendo que parara pero no lo hizo. Estaba frente a una oportunidad como ninguna e incluso si todo salía mal, habría de morir en garras de un dragón original.
Mateo se aproximó al dragón, abandonando los cuchillos en el camino. La mano humana acarició una garra escamosa. A Mateo se lo llevó la oscuridad.
<blockquote>MONÓLOGO DEL DRAGÓN
Soy el dragón y mi caverna está en este mundo, y en todos los otros. Ya te maté alguna vez, cuando se me concedió el don del fuego, ¿lo recuerdas? ¿O es demasiado doloroso para ti? Quizás no lo has vivido. Lástima, esos mundos están muy juntos el uno del otro. Mateo muere calcinado, Mateo mata al dragón original, Mateo toma su mano y está dispuesto a conocer la verdad del mundo. ¿Sabes cuál es la verdad? Quizás algún otro ya te lo dijo: somos criaturas de papel, prisioneras en un cuaderno de muchas páginas, la imaginación febril de un orangután que no sabe cual piedra tomar para tirar la penca. Entonces lo escribe todo y algunas gentes lo observan, deciden por él; y así todos formamos parte del mundo, una estela que suelta algunos polvos de este mundo sobre los otros.
Aunque soy una criatura de papel también soy un observador, el vigilante, uno de los tantos colosos que te encontrarás una y otra vez, el dios que participó en la creación del Caos con su aliento heraclítico de fuego. Es mi responsabilidad llevarme un poco de esto y de aquello. Es mi trabajo proteger con la vida todo aquello que me llevo. Y así, durante milenios, porque 600 años es muy poco, ¿a poco le creíste a tu máquina? Guardo un pequeño tesoro de cada lugar que he visitado.
¿Ya sabes por qué te llevo conmigo?</blockquote>
[[Vivir otra vida de Mateo->1]]
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]}
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
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]}¿Por qué estás tan vacío, gordito? Otro bistecito a la boca, pero esta vez uno más grande, y luego un pedazo de arrachera asada y, si eso no basta, puedes pedir que te rosticen un cerdo. ¿Recuerdas lo jugosos que se veían los jabalíes de Astérix, el galo? Ándale, pídete uno de esos. La boca de Mateo crece y el vacío de su estómago también. ¿Qué nadie puede verlo? De lejos, Mateo, el tragaldabas mítico, mira a la rolliza sonrosada de Colette sonriéndole con tanto amor, como si estuviera frente al mismo Dios. No se le ocurre una solución: le pregunta al teléfono (perdón, a Casiopea, su amiga Casiopea) qué le está pasando. ¿Por qué tiene tanta hambre? ¿Por qué quiere salir corriendo de aquí e implotar como si pudiese comerse a sí mismo? Pero el teléfono no responde. ¿Y cómo iba a hacerlo? Eso le pasa por confiar en un aparato, como los señores que venden milagrosas pastillas para curar los dolores de cerebro y regenerar los miembros fantasma, sobre todo aquellos a la altura del pecho, ocultos en la masa de piel, nervios, carne y hueso.
Mateo se mete el plato de salchichas a la boca. Cabe completo. Mastica los embutidos como mastica la cerámica. Sus dientes hacen crunch, crunch, crunch. Esto no ha terminado, gordito. Recuerda la soledad de la playa, la soledad de la arena, acostado con otros cientos de turistas, las pieles gordas y estriadas frotándose las unas con las otras, consolándose mutuamente bajo las estrellas y el maldito olor a sal. Mateo se ha comido una mesa completa. Dos mesas. Tres mesas. Cuatro mesas con todo y la gente. Pero nadie escapa. Te saben a la mejor mostaza. ¿Cómo? La boca de Mateo se convierte en un vórtice, un hoyo negro que no deja escapar masa, luz o a la nave fantástica de Neil deGrasse Tyson, o a la rolliza sonrosada de Colette. La sonrisa enrollada de Colette. La rondalla del son rosita de Colette. Los cocineros aceptan el resto, quieren ganarse su lugar en el Olimpo. Afilan los cuchillos, abren los fuegos y echan todo lo que pueden cocinar. "¡Hay un cliente que no está satisfecho!", grita uno. "¡Eso es decir poco!", exclama otro y señala a la habitación, al agujero negro que tienen frente a ellos, a Mateo el mítico tragaldabas. ¡Ya no hay nadie aquí adentro más que nosotros, compañeros! Los cocineros golpean los cubiertos, cantan sus cuchillos; nadie dirá que la orquesta dejó de tocar cuando todo se hundió en aquel vacío infinito.
[[Vivir otra vida de Mateo->1]]
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}
Mateo mira a Filomena muy confiado.
Lanzas los dados para saber cómo Mateo dará el primer madrazo.
El resultado es: **$dado**.
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[[¡Pelea contra Filomena!->30]]
]
(else:)[
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]
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</div>
]}Los que vieron, dicen que el error de Filomena fue menospreciar al muchacho.
—Bailó con su cuchillo —dijo alguno—, y resultó más rápido que la mejor de nuestras carniceras.
Se vio al pinche dar una pirueta, evitar dos puñaladas y luego, porque las leyes de la gravedad y del alcohol estuvieron de su lado, Filomena cayó y se clavó uno de sus propios cuchillos en la rodilla. La gente se emocionó. Y la emoción de los vítores hicieron de Mateo un asesino cuando se arrodilló para clavarle el cuchillo por la espalda a la mujer. Pero el héroe momentáneo no contaba con el pragmatismo de la comunidad a la que perteneció brevemente.
Mateo mató a la persona equivocada. Los otros carniceros se lo llevaron.
—Al menos maté a la desgraciada —dijo Mateo, antes de que lo arrastraran a un lugar de donde nadie vuelve.
Nadie lo extrañaría, aunque muchos recordarían esa pelea como lo más fascinante que hubieran vivido en mucho tiempo.
[[Vivir otra vida de Mateo->1]]
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</div>
]}
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
</div>
]}{
(set: $dado to (random: 2, 12))
}
Lanzas los dados para saber qué tan fuerte dará Mateo el siguiente madrazo.
El resultado es: **$dado**.
(if: $dado <= 4)[
[[¡Pelea contra Colette!->13]]
]
(else:)[
[[¡Madrea a Colette!->47]]
]
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<div style="opacity: 0.5; font-family: monospace;">
(text-style: "shudder")[ [[ALGO ANDA MAL...->666]] ]
</div>
]}El pinche responde a su condición de maneras diversas. Esto es lo que piensa Mateo; puede imaginar que lo anota con los tres dedos que le quedan o bien, puede imaginar que lo suyo es un ruido interno que ha repetido durante décadas:
Es una trampa. La felicidad fácil no existe. El trabajo duro y soportar la humillación para alcanzar el paraíso es la única forma de redención en este mundo jodido (la Mansión, la Fiesta Perpetua o el mundo de allá afuera). Eso es lo que quisieron enseñarme. ¿Quién? Filomena, Colette, los carniceros multiplicados de rostros ocultos o los “turistas” avergonzados que tragan tanto como este mundo se los permite. No, no pudo ser alguno de ellos.
Cuando me trajeron aquí, me dijeron que formaba parte de un juego. Cumplo un papel que nadie quería en mucho tiempo. La comida, matar aquello que se convertirá en comida, atender a la gente de rostros misteriosos... todos somos piezas de un orden cuyas reglas aún no han sido reveladas. Me atrevo a sugerir, con esta escoba en la mano, la existencia de un papel que nadie más ha descubierto. Debe haber un dios.
<blockquote>Registro Meta-narrativo:
ANOMALÍA DETECTADA: El sujeto ha identificado el "Báculo" (Interfaz de Usuario).
ESTADO: Consciencia de "Criatura de Papel" activa.
OBSERVACIÓN: Sincronización existencial entre el proceso (Mateo) y el observador (Tú).
ADVERTENCIA: El sistema reconoce que la desdicha o felicidad del sujeto dependen exclusivamente de la voluntad externa.</blockquote>
Me da miedo pensar en un dios así, uno que está dispuesto a destruirme parte por parte. Aunque me gusta pensar que también soy otra cosa. Soy el resultado de unas manos ociosas, necesitadas de escapar al tedio. Soy un actor dentro de una pintura, una obra teatral, un libro o un videojuego. Alguien me guía. Esto cobra sentido si el camino trazado ofrece una moraleja. Soy un cuento.
¿Y si no lo hubieras hecho? Quizás hubiera perdido la oportunidad no solo de la desdicha, sino también de la felicidad. Estoy aquí, y me atrevo a pensar esto porque quizás existes, gracias a que tú imaginas. ¿Puedo hablarte de tú? Sí, creo en ti. Tú eres el báculo. Tú me has puesto en el camino para escoger cualquiera de ambas.
Dime tú, si es que me oyes, al final: ¿por qué has escogido, de todos los caminos, este para mí? No respondas. Prefiero no saberlo.
[[Vivir otra vida de Mateo->1]]
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[ [[Has abierto una puerta a un lugar carmesí->31]] ]
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]}La verdad, según la pantalla de Casiopea, podía encontrarse detrás de la puerta de acero inoxidable. A Mateo le pareció curioso que su guía hubiera perdido la voz, como si sus preguntas le hubieran robado algo importante, tal vez el alma. Ella se lo había dicho: la verdad está atrás de una de las puertas. ¿Qué nos conecta a todos? ¿Cómo es posible que unas máquinas tengan el poder para saberlo todo de nosotros?
"¿Qué me hace humano?", se preguntó Mateo antes de atravesar el umbral. Lo que encontró fue una respuesta en forma de metáfora filosófica: un hombre con una mochila y una bocina cantando: “Si en cada rosa estás tú, si en cada respirar estás tú, ¿cómo te voy a olvidar?”.
Al voltear, la puerta de acero había cambiado: ahora tenía dos ventanas y protectores de hule. La gente poblaba asientos verdes de plástico y algunos sujetos solitarios se aferraban a tubos de acero. De repente, todo apestaba; todo le dolía; todo parecía sucio y deslavado.
<blockquote>Estado Final:
REGISTRO DE SALIDA: "Lo sabía todo porque nuestro mundo era una ficción. Éramos bestias poblando un mundo que apenas existía".
ADVERTENCIA DE ENERGÍA: Batería crítica.
ÚLTIMO MENSAJE: "Necesito carga. Gracias por traerme al mundo verdadero. Voy a apagarme un segundo. Solo un segundo".
ESTADO DEL SISTEMA: OFFLINE.</blockquote>
Mateo no acababa de digerir lo que estaba sucediendo. En su mundo existía el metro, pero no de esta manera. Dio un paso atrás para recargarse contra las puertas y pisó algo: era un gargajo. Maldita suerte le había tocado. ¿Cómo regresaría al mundo previo? ¿Existirían los mismos cables de carga en este lugar?
No podía ser tan grave; estos mundos no podían ser tan distintos entre sí. Se desparramó en el piso y cerró los ojos. Mejor dormía y daba la aventura por terminada.
[[Vivir otra vida de Mateo->1]]
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Tiras los dados.
El resultado es: **$dado**.
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[[Mateo ya tuvo suficiente, debería disculparse...->39]]
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[[Mateo está absolutamente seguro de que vencerá al tipo estrafalario que tiene enfrente->4]]
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Tiras los dados.
El resultado es: **$dado**.
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[[Mateo creía, aunque probablemente se equivocaba y era la adrenalina pidiéndole la siguiente pelea, que había uno más a vencer.->68]]
]
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[[Mateo creía, aunque probablemente se equivocaba y era la adrenalina pidiéndole la siguiente pelea, que había uno más a vencer.->33]]
]"Tienes que matar al dragón", pensó Mateo, "tienes que matar al dragón". La fuerza de su improvisado rezo lo impulsó a saltar contra su adversario y, aunque él no lo supo, lo alcanzó ayudado por la suerte de unos cálculos misteriosos, ajenos. La primera bola de fuego salió mal, salió debilitada por la arrogancia del dragón verdadero y apenas chamuscó su brazo. El dolor era intenso pero debía soportarlo si quería sobrevivir al encuentro. Las alarmas empezaron a sonar tan pronto dio la primera puñalada en el estómago del animal. Querían entrar a ayudarle pero no debía permitirlo. Él tenía que hacerlo. Sangre caliente, rojiza y negra como lava, saltó en un chorro hacia la ropa de Mateo. Quemaba. Su adversario no lo dejaría salir ileso de ello.
El dragón se reía. Risa que fue detenida con la técnica acostumbrada del carnicero por empuñar el filo hacia la garganta y cerrar el hocico. Freitag, el dragón cuyo nombre jamás sabría Mateo, murió satisfecho. El carnicero tampoco sabría que estudiarían los videos, y que sus compañeros aprenderían a imitarlo, porque lo necesitarían para sobrevivir a la oleada de dragones viejos que se aproximaba. Después de una cantidad lamentable de muertes, se vieron obligados a mejorar sus cuchillos, casi convirtiéndolas en espadas grabadas con símbolos sagrados. Sus delantales manchados de sangre seca se convirtieron en armaduras de asbesto y filigrana; el accidente los convirtió en caballeros, en matadragones, para una época donde se creía imposible. Pronto cambiarían las cosas en la habitación de los hambrientos.
<blockquote>Registro de Epílogo:
ESTADO DEL SUJETO: Fase de mitificación completada.
ANOMALÍA: Reacción química de la sangre draconiana detectada en tejidos humanos.
IDENTIDAD ASIGNADA: "El Escudo de San Jorge".
REGISTRO TÉCNICO: La base de datos confirma que la tecnología de guía siempre reconoció el origen de los mitos.
ADVERTENCIA: Estructura física del sujeto degradándose en partículas de carbono (cenizas).</blockquote>
Pero esa es otra historia, como diría Michael Ende, y quizás se cuente en otra vida muy ajena a esta, así como quizás sabremos por qué Casiopea, y las guías de otros, sabían de sobra quiénes eran los dragones y por qué la tecnología servía para resolver la identidad de los supuestos mitos. Mateo no repetiría su hazaña, aunque sería recordado como un héroe, el santo, porque era demasiado tarde para él. Su fantasía de convertirse en el heredero de San Jorge se vio glorificada cuando la sangre del dragón cayó en su piel, en su rostro. Penetró hacia la carne, abriendo los poros, los tejidos, las venas. Los gritos no alcanzaban a reflejar el dolor pero duró poco. Algo tenía aquella sangre mitológica que, aun con el animal muerto, buscaba el cuerpo del homicida, se incrustaba en él, lo quemaba y gradualmente lo convertía en cenizas, en una estatua que rompería en polvo a la más débil brisa.
Tal fue el destino de Mateo, quien sería conocido como el escudo de San Jorge.
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]}Vaya. Así que pudiste mirar más allá de mi truco. Es cierto: el diablo de la página 66 es un falso diablo, uno de los tantos demonios de mis huestes que, a través de mentiras, buscaron interrumpir la historia de cualquier modo que fuera posible. Te quedaste ahí, ¿no es cierto? Meditando sobre la verdad en la mentira. Seguro fuiste un poco aventurero y pensaste la pregunta: “¿No falta un seis para invocarlo?”. Me alegra tu curiosidad. Creo en la elegancia de mis trucos, y un número incompleto es burdo, ineficaz. Así lo creo. Es la verdad.
Un secreto sobre mí: no soy tan tonto como para interrumpir historias. Las dejo correr, y que sean los dedos del otro sobre mi carne, porque parte de mi carne vive sobre las historias ajenas, las que descubran el camino dentro del laberinto que habrá de llevarlos a mí. Soy el Cazador Original. Observo.
Mis agentes viven en la fiesta perpetua (el caos, el orden, ¿importa?). Una fiesta caótica y perpetua, por supuesto, engendra a su contraparte: una reunión ordenada y finita. ¿Cómo? ¿No conoces ese otro lugar? ¿La otra fiesta que replica a manera de un espejo la primera? Ya lo encontrarás, me has encontrado a mí. ¿No te sabes la historia del mundo replicado y de las dos viejas que ya no sabían en cuál de los dos mundos vivían? La contó un trovador italiano, no hace mucho tiempo, pero su historia es un homenaje a ese otro hombre, el ciego, el que sigue palpando los libros de una biblioteca buscando el punto que habrá de permitirle verlo todo.
La historia trata de dos planetas, uno es el puente del otro, y un hombre loco muda las cosas, poco a poco, hasta que los habitantes ya no saben en qué mundo viven: si en el original o en el falso.
¿En cuál de los dos vives tú?
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[ [[¿Lo siguen esperando?->25]] ]
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[ [[Recoges un libro de instrucciones->54]] ]
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[ [[Escuchas una pregunta vital->63]] ]
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